La polarización política en España: ¿desafío u oportunidad para la democracia?

18 enero, 2022
polarización politica españa 2019

La polarización política constituye un tema de rabiosa actualidad tanto en España como en otros países de nuestro entorno. Basta prestar una mínima atención al vocabulario utilizado por políticos y periodistas para apreciar que es un término en boga. Se dice, por ejemplo, que una campaña electoral está polarizada, que un partido o un líder fomentan la polarización o que hay una fuerte polarización ideológica entre los partidos. Sin embargo, es aún un concepto lejano y desconocido para el ciudadano medio. Por ello, pretendo aportar algunas claves que ayuden a comprender mejor este tema y su importancia. Empezaré por aclarar qué es polarización política y cuáles son sus tipos.

La noción de polarización política y sus tipos: ideológica y afectiva

Cuando en ciencias sociales se habla de polarización se hace en referencia al grado de división o fractura que hay en una sociedad entre individuos o grupos por motivos políticos, de ingresos, religiosos, territoriales, etc. En el ámbito de la política, la polarización ha sido entendida tradicionalmente sobre la base de criterios ideológicos. Según esto, la polarización expresa el grado en que los partidos se parecen en las principales líneas de división ideológica, siendo la de izquierda-derecha la más importante. Cuanto mayor es la distancia que separa las posiciones de los partidos, mayor es el nivel de polarización.

Para examinar la polarización ideológica se suele acudir normalmente a datos de encuestas a ciudadanos. En el caso del eje izquierda-derecha, se pregunta por la ubicación de cada ciudadano en la escala (por ejemplo, de 1 a 10), se calcula, luego, la posición que ocupan los votantes de cada partido y finalmente se mide, a partir de diferentes indicadores y fórmulas, la polarización existente. El Gráfico 1 ilustra dos curvas que representan diferentes distribuciones de preferencias ideológicas de los votantes. La línea continua representa una distribución moderada de preferencias: el grueso de los electores se ubican en el centro de la escala (posiciones moderadas) y son pocos los que se sitúan en las posiciones ideológicas extremas. En cambio, la línea discontinua refleja una distribución polarizada de preferencias: la distribución es bimodal, con el grueso de los votantes ubicados en los dos polos de la escala, siendo muy pocos los que se hallan en las posiciones centrales.

Gráfico 1. Distribución centrista y polarizada de preferencias ideológicas

distribucion-polarizacion
Fuente: McCarty (2019)

              

La información disponible sobre polarización en la escala izquierda-derecha en España muestra que su presencia relevante y que ha ido en aumento desde el año 2000 (Simón, 2020).  El mayor incremento ha tenido lugar en los años 2015 y 2016, fruto, sobre todo, de la fragmentación del sistema de partidos y la emergencia de nuevos partidos, uno de los cuales, Podemos, se sitúa en uno de los extremos. El momento de mayor polarización es en 2019, como resultado de la incidencia de dos factores: la irrupción de un partido de extrema derecha (VOX) y la crisis territorial surgida en Cataluña.

Como sabemos, en España hay otro eje destacado de división ideológica, el territorial. Los datos de Simón (2020) muestran que la polarización en la cuestión territorial ha aumentado desde el año 2008 al 2016 (último año disponible). El aumento más importante tuvo lugar  en 2011, lo que se puede explicar, sobre todo, por la incidencia de la crisis económica y la publicación de la sentencia del Tribunal Constitucional respecto al Estatuto de Cataluña de 2006.

En los últimos años, se ha extendido otra modalidad de polarización, afectiva, que no se basa en diferencias ideológicas sino en diferencias respecto a los sentimientos que generan los partidos y sus líderes. Se trata de una contraposición entre los sentimientos favorables que generan los líderes y los votantes del partido con el que nos identificamos, y los sentimientos desfavorables y de hostilidad hacia los líderes y votantes con los que no nos identificamos (Miller, 2021). La denominación de polarización afectiva ha sido acuñada en EEUU, donde se ha constatado un aumento muy considerable de estos sentimientos contrapuestos hacia los “nuestros” (votantes de nuestro partido) y hacia los “otros” (simpatizantes del otro).

En un artículo de 2020 de la revista Science, un grupo de psicólogos sociales recurría al concepto de tribalismo político para diagnosticar esta fuerte polarización que hay en la sociedad americana. Cada uno de los grandes partidos y sus seguidores se comportan como si fuesen sectas: perciben a los simpatizantes del otro grupo político como esencialmente diferentes; muestran desagrado y hostilidad hacia ellos; y creen en la superioridad moral de su grupo respecto a los “otros” (Finkel, et al., 2020)

Los datos disponibles sobre la polarización afectiva en España son bastante más limitados, pero apuntan en una dirección similar a la polarización ideológica: presencia destacable y en aumento. El proyecto V-Dem proporciona un indicador que nos permite ver, en diferentes países, cómo la polarización política se traslada a las relaciones sociales. Es un indicador que oscila entre 0 (relaciones sociales amistosas) y 4 (relaciones basadas en la hostilidad). Como se aprecia en el Gráfico 2, la polarización en 2020 es significativa (2,21), superior al de Alemania (1,38), pero inferior al de Francia (2,69), Italia (3,15) y, sobre todo, EEUU, que casi toca el nivel máximo de polarización (3,72).

Gráfico 2. Evolución de polarización política en España, EEUU, Italia, Francia y Alemania (2000-2020)*

El indicador fluctúa entre 0 (relaciones sociales amistosas) y 4 (relaciones sociales basadas en hostilidad). Fuente: V-Dem (Varieties of Democracy).

El Gráfico 2 nos permite observar tres momentos en la tendencia de la polarización afectiva en España. La primera es entre 2000 y 2011 y está marcado por una baja polarización, si bien en 2008, con el inicio de la crisis económica, se detecta un aumento. Tras un incremento acusado en 2012 de la polarización, esta pasa mantenerse estable hasta llegar a 2019.

Por último, en 2020, en el contexto de la pandemia, vuelve a aumentar la polarización, alcanzando el nivel más elevado. No tenemos aún datos precisos del último año, pero, a la vista del intenso clima de confrontación entre las fuerzas políticas españolas, es previsible que la polarización ideológica y afectiva haya crecido de forma significativa.

Los efectos de la polarización

Por lo general, cuando se utiliza el término polarización presenta una connotación negativa, asociado con situaciones de conflicto, confrontación o parálisis. Pero no necesariamente la polarización tiene que ser vista como algo desfavorable. De hecho, algunos académicos han destacado diversas consecuencias positivas para la salud de una democracia. Así, se ha resaltado que cuando existen partidos con posiciones ideológicas diferenciadas los votantes cuentan con atajos informativos a la hora de decidir el voto[1]. Los electores tienen mayor facilidad para entender las posiciones de cada partido sobre las distintas políticas y seleccionar la opción más adecuada, así como reclamar rendición de cuentas a los políticos por sus acciones. A su vez, diversos estudios recientes han mostrado los efectos favorables de la polarización ideológica en diversas direcciones. Por ejemplo, hace aumentar el compromiso político y la participación electoral, contribuye a reducir la incidencia del personalismo en la decisión del voto, o, incluso, ayuda a ampliar el nivel de democracia.

Sin embargo, el aumento significativo de la polarización ideológica en España y en otros países ha generado una preocupación por sus efectos negativos. Más que el aumento del radicalismo y diferenciación ideológica, lo que preocupa es la división de las sociedades en grupos e identidades políticas que se ven enfrentadas y excluyentes entre sí (Miller, 2021). Una alta polarización política hace muy difícil que los políticos alcancen acuerdos y compromisos, lo que desencadena importantes efectos perniciosos. Uno de ellos es el riesgo de parálisis institucional, es decir, la dificultad para sacar adelante leyes y políticas públicas. Esto se traduce en síntomas muy variados, como se ha podido apreciar en la política española de los últimos años. Por ejemplo, la necesidad de tener que prorrogar los Presupuestos Generales del Estado en varias ocasiones, ante la ausencia de una mayoría legislativa que los sustente; o las dificultades para renovar el decreto de estado de alarma a lo largo de la pandemia.

Una acusada polarización entraña también el riesgo de favoritismo político. Los contextos de división, enfrentamiento y crispación generan pocos incentivos para que los políticos y los gobiernos tomen decisiones pensando en el conjunto de la ciudadanía.  Tales contextos animan, más bien, a que los políticos adopten decisiones que respondan a los intereses de los “suyos”.

Otra consecuencia negativa que cabe destacar es que, en situaciones de polarizaciones, los políticos y los ciudadanos estén dispuestos a tolerar algunas prácticas antidemocráticas. Así, un experimento realizado en EE.UU. revela que en muchos distritos electorales, ya fuesen dominados por demócratas o republicanos, una mayoría de ciudadanos estaría dispuesta a apoyar candidatos con los que se identifican aún cuando estos vulnerasen claramente algunos principios democráticos, si con ello se lograba que el adversario político no ganase las elecciones (Finkel et al., 2020).

Los datos de opinión pública disponibles en España indican que no se han alcanzado niveles tan elevados de polarización como en EE.UU., pero sí que los votantes leales de los partidos han comenzado a asumir que “todo vale” frente al adversario político, al que se le responsabiliza de todos los males del país (Torcal, 2020).


[1] La referencia a estudios concretos que evidencian las conclusiones mencionadas aparece en Barreda y Ruiz (2020).

Referencias

Barreda, Mikel y  Leticia  Ruiz. 2020. “Polarización ideológica y satisfacción con la democracia en América Latina: un vínculo polémico”. Revista del CLAD Reforma y Democracia (78): 5-28.

Finkel, Eli J. et al. 2020. “Political sectarism in America”. Science, 370 (6516): 533-536.

McCarty, Nolan. 2019. Polarization: What Everyone Needs to Know. Nueva York: Oxford University Press.

Miller, Luis. 2021. “La polarización política en España: entre ideologías y sentimientos” PAPELES de relaciones ecosociales y cambio social (152): 13-22.

Simón, Pablo. 2020. “The Multiple Spanish Elections of April and May 2019: The Impact of Territorial and Left-right Polarisation”. South European Society and Politics, DOI: 10.1080/13608746.2020.1756612.

Torcal, Mariano. 2020. “¡Enfrentados y enfados! Una realidad preocupante”. Agenda Pública, https://agendapublica.es/enfrentados-y-enfadados-una-realidad-preocupante/.

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Autor / Autora
Dr. en Ciencia Política y Sociología por la Universidad de Deusto (Bilbao). Profesor agregado de Ciencia Política y Director del Grado de Relaciones Internacionales de la UOC. Sus principales líneas de investigación son instituciones políticas, calidad de la democracia, sistemas de partidos y procesos de representación política, con particular atención a la realidad latinoamericana. Sobre estos temas ha publicado estudios de casos y análisis comparados en libros y revistas académicas internacionales.
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