50 años del 8M: Reflexiones sobre la pensión de viudedad.

07/03/2025
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En 2025 se cumplen 50 años desde que la ONU instauró el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. En España, la primera manifestación oficial del 8M tuvo lugar en 1978 con el lema: “Por un puesto de trabajo sin discriminación”, reflejando el cambio de mentalidad y las reivindicaciones de la época.

Este año conmemorativo nos lleva a reflexionar sobre el papel de la pensión de viudedad, una prestación que ha servido de “salvavidas contra la pobreza para muchas mujeres”, pero que también plantea la necesidad de ciertos ajustes.

Contexto histórico y social

Antes de abordar la pensión de viudedad, es importante recordar hitos clave en la lucha por la igualdad. El 6 de marzo, la OIT conmemoró los 30 años de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer de 1995, donde se marcó un punto de inflexión en la agenda de igualdad de género. Fue en esa conferencia donde Hillary Clinton pronunció la frase: “Los derechos de las mujeres son derechos humanos”, reafirmando que todas las mujeres somos mujeres trabajadoras.

Asimismo, en 2025 se cumplen 30 años de los Pactos de Toledo, cuyo objetivo ha sido garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones. En los últimos años, la perspectiva de género ha cobrado mayor relevancia en estas reformas, analizando los problemas estructurales del sistema de Seguridad Social y las modificaciones necesarias para adaptarlo a la realidad actual.

El origen patriarcal de la pensión de viudedad

La pensión de viudedad tiene sus raíces en un sistema patriarcal que se consolidó durante la dictadura española. Su origen se remonta a la Orden de 13 de febrero de 1967, que regulaba las prestaciones por muerte y supervivencia dentro del Régimen General de la Seguridad Social.

Su nacimiento responde a la necesidad de asegurar el sustento familiar cuando el hombre fallecía, ya que, en sus inicios, solo las mujeres podían recibirla. Las leyes en aquel entonces eran de tallaje patriarcal: la mujer debía acudir a la Sección Femenina, que en realidad era una escuela de tareas del hogar y de cuidados, mientras que el marido era el sustentador económico y quien ejercía la autoridad.  Las mujeres somos la mitad de la población. ¿Cuánto talento se desperdició en el mercado laboral? ¿Cuántos sueños quedaron truncados? Todo ello coincidió con un aumento en la natalidad, conocido como la época del baby boom.

Impacto y cambios en la pensión de viudedad

Precisamente, esa generación, nacida, criada y educada en aquella época, es la que ahora, en la medida de lo posible, está solicitando una merecida prestación por desempleo.

En aquellos años, las leyes no ofrecían opciones a las mujeres casadas: debían abandonar su empleo al contraer matrimonio. La sociedad, además, estaba fuertemente influenciada por la religión católica, y la orientación sexual podía estar penalizada. Para muchas mujeres, el no haber trabajado les ha supuesto una penalización significativa en su prestación de jubilación. Tampoco existió una ley de divorcio hasta 1981. En caso de fallecimiento del marido, la pensión de viudedad se convertía en su principal sustento. En los casos en que había hijos, la combinación de la pensión de orfandad, aunque no de forma vitalicia, y la de viudedad, junto con la posibilidad de compatibilizarla con un empleo, permitió que muchas mujeres asumieran el papel de cabeza de familia tras enviudar. Sin embargo, la prolongada ausencia del mercado laboral dificultaba su reincorporación, lo que, en muchos casos, ha contribuido a su vulnerabilidad ante la violencia machista.

Así, pues, la pensión de viudedad ha sido, durante años, un salvavidas para evitar que muchas mujeres quedaran en la pobreza tras la muerte de sus maridos. A lo largo de su historia, la pensión de viudedad ha sido objeto de 30 modificaciones. Al ser una pensión contributiva, su concesión depende de que el cónyuge fallecido haya cumplido los requisitos establecidos. No podemos ignorar que la esperanza de vida sigue aumentando, lo que implica que cada vez habrá más personas percibiendo durante más años tanto la pensión de jubilación como la de viudedad.

Retos actuales y preguntas abiertas

El sistema de Seguridad Social es un pilar fundamental que debe adaptarse a los cambios demográficos y sociales. Algunos interrogantes clave sobre la pensión de viudedad son:

  • ¿Debería reducirse su cuantía si la persona beneficiaria está trabajando?
  • ¿Debería seguir siendo vitalicia o condicionarse a la existencia de hijos comunes?
  • ¿Por qué la pensión de orfandad sí tiene límites temporales y la de viudedad no?
  • ¿Es razonable seguir percibiéndola si la persona beneficiaria tiene trabajo y rehace la vida en pareja?
  • ¿Debería establecerse un tiempo mínimo de matrimonio o convivencia para acceder a ella o tener en cuenta la edad que se enviuda o si no existe ninguna limitación física o psicológica para trabajar?

Perspectiva de género y corresponsabilidad

Es crucial abordar estos cambios con cautela, ya que la brecha salarial de género sigue existiendo, lo que repercute en las pensiones que las mujeres generan por sí mismas. La corresponsabilidad es un reto pendiente: no basta con que las mujeres se incorporen al mercado laboral si siguen siendo las principales responsables del trabajo doméstico y los cuidados.

Un ejemplo claro es el teletrabajo, que se ha convertido en una opción valorada por muchas mujeres con formación a la hora de elegir un empleo. Aunque puede ser una herramienta para conciliar, también puede convertirse en una trampa si perpetúa el rol de la mujer como cuidadora principal, que se queda en casa para conciliar y trabaja por las noches. No debe confundirse con un horario flexible que, en la práctica, termina relegando a la mujer nuevamente al hogar.

Si el teletrabajo solo se aplica a mujeres, sin fomentar un reparto equitativo de responsabilidades, podría reforzar desigualdades en lugar de reducirlas.

La pensión de viudedad ha sido históricamente un salvavidas para muchas mujeres, pero es necesario actualizarla para adaptarla a una realidad social en constante cambio. La clave está en encontrar un equilibrio entre garantizar la protección económica y promover la autonomía financiera de las mujeres.

El debate está abierto, pero siempre con la premisa de avanzar hacia una sociedad más equitativa, donde la independencia económica no dependa de la situación civil. Si apostamos por la corresponsabilidad, ver a un niño jugando con un carrito de muñecas no debería extrañarnos. La igualdad se construye desde la infancia.

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Autor / Autora
Profesora Lectora de Derecho Laboral y Seguridad Social. Investigadora en el ámbito del derecho del trabajo y seguridad social, protección a la salud y perspectiva de género.
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