Terre Seconde: una tierra sin nosotros

20 de agosto de 2017
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[artículo publicado en art.es nº72, 2017]
Un ordenador solitario está ocupado con la tarea de crear una Tierra imaginaria procesando imágenes satelitales de nuestro planeta. La máquina no sabe lo que son los ríos, montañas, lagos, valles, carreteras o campos. Nunca ha visto la Tierra (de hecho, carece de capacidad de visión) pero puede analizar las imágenes hasta el último píxel, extraer sus valores y generar nuevas combinaciones que dan forma a paisajes siniestros, a la vez familiares e insólitos. Son imágenes de una “Segunda Tierra”, un planeta ficticio que hereda los rasgos de nuestro mundo y representa la última voluntad de una civilización extinta. Y es que, según nos cuenta el ordenador, la humanidad ha desaparecido, dejando una tierra baldía y una máquina que sigue generando un nuevo mundo en los confines de su disco duro, sin saber por qué ni para quién.
En un largo e inquietante monólogo, el artista Grégory Chatonsky narra las cavilaciones de un ordenador que se convierte en el protagonista de una distópica historia de ciencia ficción. Explora el flujo de pensamientos de esta hipotética máquina que se cuestiona a sí misma, su naturaleza, su finalidad, lo que percibe y lo que recuerda. Incluso la voz del narrador y el eventual lector son cuestionados, a medida que se suceden todo tipo de reflexiones filosóficas sobre la naturaleza, la realidad y los procesos que lleva a cabo la propia máquina. El tema subyacente en este soliloquio claustrofóbico y en todos los elementos que forman Terre Seconde es la Inteligencia Artificial (IA). Aunque la idea de crear un ser artificial con la capacidad de pensar se remonta a la Antigüedad, la IA empezó a formar parte de las ciencias de la computación en los años 50 y ha evolucionado rápidamente a medida que crecía la capacidad de procesamiento de los ordenadores. Desde 2015, el interés en la IA ha crecido con su uso por parte de las grandes empresas tecnológicas (Google, Facebook, Microsoft, Amazon y Apple) en la mejora de sus productos y la extracción de información útil a partir de la enorme cantidad de datos generados día a día por los usuarios en todo el mundo. Pese a ser tan popular, la Inteligencia Artificial es más bien arcana: resulta difícil comprender su funcionamiento, así que se percibe como algo mágico y potencialmente amenazador. No es sorprendente que, cuando en julio de 2015 Google lanzó su programa de visión artificial basado en redes neuronales artificiales, lo bautizase DeepDream, sugiriendo la posibilidad de que una máquina tenga alucinaciones y dando pie a conexiones con el surrealismo. Este programa inspiró a Grégory Chatonsky a reflexionar acerca de lo que denomina “Imaginación Artificial” (Imagination Artificielle o ImA, en francés), aplicando la idea de que imaginar es producir imágenes. Según el artista, la ImA trasciende la mera imitación y podría suplantar una habilidad que tradicionalmente se ha reservado al cerebro humano, confirmando así que las máquinas pueden reemplazar cada uno de los aspectos de un ser humano.
El artista integra esta idea en una historia que refuerza el miedo a las máquinas al describir una situación en la que los humanos ya no existen, pero al mismo tiempo se adentra en los procesos del ordenador y revela una fragilidad muy humana. “Es difícil imaginar todos los procesos paralelos de una máquina,” afirma el narrador, “es difícil saber que la máquina se observa a sí misma, que verifica sus resultados, que los compara con datos externos. Hace todo este trabajo para que puedas percibir algo y es entonces cuando entra en tu mundo y se convierte en un segundo mundo, un mundo que has deseado, pero que nunca habías anticipado en qué se convertiría.” La máquina nos explica que no sabemos nada acerca de su funcionamiento y sin embargo le suministramos datos, nuestras vidas, mientras nos hacemos cada vez más dependientes de ella. Con esta masa de datos, los ordenadores dan forma a cosas que no conocemos y se comunican entre ellos sin nuestra implicación. Toda esta actividad llega a un punto en que el usuario no es necesario: una vez se han suministrado los datos, el proceso puede continuar de forma indefinida sin intervención humana. Este es el momento en que nos encontramos con la máquina solitaria que construye extraños paisajes aplicando visión artificial y redes neuronales. Terre Seconde es la hipotética producción de la máquina, aunque no se limita a interpretaciones de imágenes satelitales. También incorpora un estudio de lo líquido basado en vídeos de los mares de la Tierra, una elevación artificial en 3D de los paisajes creados (que puede experimentarse con un visor de Realidad Virtual) y una serie de esculturas de impresión 3D que muestran fósiles de organismos imaginarios. En cierto modo, se aplica aquí una terraformación inversa en cuanto no se modifica un planeta para hacerlo similar a la Tierra, sino que se crea un planeta nuevo inspirado en las formas terrestres. La naturaleza se convierte en un otro siniestro, tan distanciado de lo humano como lo están las máquinas, e inspira formas fantásticas: Chatonsky compara el fenómeno de pareidolia descrito por Roger Caillois en su estudio de las piedras con las imágenes generadas por la IA y concluye que en ambos casos lo que resulta fascinante es que una imagen pueda crearse sin autoría humana.
Producido durante una residencia en Hangar (Barcelona), Terre Seconde da continuidad a proyectos anteriores en los que Grégory Chatonsky enfrenta al espectador con un mundo que ya no necesita a los humanos. Su proyecto en desarrollo Capture (2009-) empezó como una banda de net rock generativo y ha evolucionado hasta convertirse en una afirmación del hecho de que las máquinas pueden crear música, vídeos y textos a un ritmo que excede la capacidad del consumidor humano. Telofossils (2013) imagina las ruinas de un mundo que vio la extinción de la humanidad en una serie de paisajes que tienen relación con las imágenes creadas por la IA solitaria. Todas estas obras nos invitan a librarnos de nuestra obcecada vision antropocéntrica y considerar que somos desechables. Y es notorio ver cuan interesantes pueden ser las cosas cuando no estamos.
Pau Waelder
 
Obras de Grégory Chatonsky
Capture (2009-) – http://capture.name/
Telofossils (2013) – http://chatonsky.net/telofossils/
Désunivers (2016) – http://chatonsky.net/desunivers/
L’abandon des choses (2016) – http://chatonsky.net/abandon/
Neural Landscape Network (2016) – http://chatonsky.net/nln/
Organism (2017) – http://chatonsky.net/organism/

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