Susanna Tesconi: «Si trabajamos sin perspectiva de género excluimos una parte de las personas usuarias»

10 febrero, 2022

Susanna Tesconi, profesora de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicaciones de la UOC, es autora de la Guía para una docencia universitaria con perspectiva de género en Ingeniería Multimedia de la Xarxa Vives d’Universitats. Un documento que ofrece propuestas, buenas prácticas, recursos y herramientas. Tesconi, experta en diseño de experiencia de usuarios, afirma que escribirla ha sido muy interesante porque «como docentes, tenemos mucha responsabilidad: formamos profesionales que diseñarán productos que afectarán la vida de muchas personas». 

¿Cuál es el objetivo de este proyecto? 

Escribir una guía docente para fomentar la perspectiva de género en la enseñanza multimedia universitaria. Recogí elementos que ya se han trabajado en diseño de experiencias de usuario o videojuegos pero nuestra disciplina es muy amplia, abarca desde el arte y el diseño a la programación o la tecnología. Había que ver cómo se podía trabajar la perspectiva de género en todos esos apartados. Nunca había hecho un material tan aterrizado: proponemos soluciones e ideas que inspiren.

¿Cómo podemos empezar a aplicar la perspectiva de género? 

En primer lugar, es importante plantearnos la siguiente pregunta: ¿qué pasa si no aplico una perspectiva de género al enseñar en el ámbito tecnológico? Si solo enseño cuestiones técnicas o métodos, en el mercado tendremos productos no inclusivos: teléfonos móviles que no están diseñados para las manos de las mujeres, páginas web que reproducen lenguaje sexista… Los diseñadores de productos tecnológicos diseñan con un modelo talla única: la del joven, hombre, occidental…Es muy claro en los dispositivos para realidad virtual. ¿Sabías que las gafas dan a veces un efecto de mareo? Pues las personas que más se marean son las mujeres afroamericanas, probablemente porque no se las ha tenido en cuenta al diseñarlas. Trabajando sin perspectiva de género, el profesional deja de tener en cuenta a una parte de sus usuarios y usuarias. También debemos plantearnos cómo transmitir esto al estudiantado. Al formar a alguien en diseño multimedia, debemos enseñarle a tener presente este tipo de cuestiones al igual que otras: ya no podemos diseñar un dispositivo que consuma mucha energía. Pues tampoco está bien diseñar un producto que comunique estereotipos sexistas o cree imaginarios de ese tipo. El estudiantado tiene que aprender a reconocer estos prejuicios y exclusiones, a plantearse ese tipo de problemas. 

En la guía para una docencia universitaria con perspectiva de género en Ingeniería Multimedia proponemos soluciones e ideas que inspiren.

¿Cómo puede incorporar la perspectiva de género el profesorado?

Hay muchas fuentes de inspiración aunque en muchos casos no vienen de la ingeniería multimedia sino del mundo del arte o del ciberfeminismo. Vale la pena incorporar a la docencia los ejemplos de la vida real y de la experiencia más crítica. Y es que no solo enseñamos para que el estudiantado acabe trabajando en una empresa. En la red hay mucha violencia sexista: el diseño multimedia también puede trabajar para cambiar esa realidad. El activismo es importante. La tecnología no es neutra y es importante implicarse, tomar partido. Pero en la Guía también se recogen ejemplos concretos del mundo universitario. A partir del ejemplo de dos asignaturas de diseño de experiencias de usuario y de interfaces (del máster universitario de Diseño de Interacción y Experiencia de Usuario (UX) y del grado de Técnicas de Interacción Digital y Multimedia), se puede ver cómo se ha aplicado la perspectiva de género en estas:  qué competencias se trabajan, qué resultados y objetivos de aprendizaje se buscan o qué estrategias de dinamización se aplican. Como docentes, debemos hacerlo con el ejemplo. En el aula, hay una serie de comportamientos o hábitos muy comunes. Por ejemplo, los chicos intervienen más que las chicas y lo mismo sucede en la clase que en los foros de la UOC. Tratemos de que haya una participación más equitativa y añadamos otros elementos a la reflexión como más géneros, la clase social, la etnia… El mundo es diverso y debemos incorporar esa diversidad. 

¿Qué competencias hay que trabajar entre los futuros profesionales? 

El pensamiento crítico, la capacidad de identificar sesgos sexistas o elementos no inclusivos, la capacidad de encarar situaciones problemáticas y complejas, saber interactuar con las personas para reconocerlas e incluirlas en el proceso de diseño… A veces estamos tan empapadas en este tipo de cultura que no se le puede pedir al estudiantado que tenga todas las competencias pero sí que se haga consciente de la situación y actúe antes las formas de exclusión. Dudar de las cosas ya es un avance.

Ser inclusivos por razones éticas y sociales… 

O comerciales y económicas. Lo mires por donde lo mires, hacer las cosas bien es ganar. Hay gente, como Judith Membrives, que acompañan emprendedores del mundo del diseño de tecnología la diversidad funcional tratando de tener en cuenta entre otras cosas las personas con daltonismo. Cuando les dijeron “qué más da”, respondieron que el número de daltónicos en el mundo equivale a la población del Reino Unido. Pierdes esos millones de clientes potenciales… Lo mismo pasa con las mujeres. 

El profesorado tiene que incoporar la perspectiva de género a la docencia con ejemplos de la vida real y de la experiencia más crítica.

¿Por qué los productos del sector multimedia tienen estos problemas? 

Por un lado, porque pertenece al ámbito de la tecnología, que es uno de los más heteropatriarcales y sexistas. Cuando el mercado era más limitado, por razones de poder adquisitivo, había más hombres que mujeres que compraban tecnología. Aunque si miras otros ámbitos como la biomedicina, sucede lo mismo. De hecho, en todo el diseño de productos y dinámicas. Antes no se hacía diseño centrado en las personas. Todo lo que ahora es diseño de experiencias de usuario se llamaba interacción hombre-máquina: un ingeniero diseñaba las interacciones con el sistema tecnológico. Ahora se pregunta a las personas usuarias, se investiga, se tiene en cuenta que se está diseñando para una persona y no para un estándar (de capacidad cognitiva, de medidas…). Casi todo estaba pensado en la medida del hombre y tendremos que darnos cuenta de qué más exclusiones estamos propiciando como los imaginarios coloniales o excluyentes de todo lo que no es binario y que se reflejan en nuestros productos, sean literarios o tecnológicos. 

¿Qué responsabilidad tienen los docentes para cambiar las cosas? 

Estamos formando profesionales que diseñarán productos y llegarán a afectar las vidas de muchas personas. Las escuelas de diseño o de ingeniería tienen responsabilidad en la formación que proporcionan al estudiantado para que pueda trabajar. Si tu le has dicho “hazlo más barato y más rápido” tendrás un tipo de producto. En las escuelas de diseño deberíamos enseñar a diseñar de forma sostenible, objetos que no usen materiales tóxicos, que no se rompan después de tres días… Hay una serie de retos sociales que se pueden encarar desde la formación. Ahí encontramos la responsabilidad del profesorado y de la propia universidad: tenemos que ver qué hay en la realidad, interpretarla en su complejidad y de ahí extraer unos conocimientos que puedan ser útiles en este sentido. 

¿El tema de la perspectiva de género es solo un problema de mujeres? 

Ahora, en el sector, hay quien se lo toma como un ataque personal y no es así. Es un problema que tenemos todos: las mujeres también  usamos  prácticas machistas porque así nos han educado. 

¿Qué es lo que más te ha sorprendido elaborando la guía para una docencia universitaria con perspectiva de género en Ingeniería Multimedia?

El trabajo hecho a nivel de investigación: por ejemplo, la cantidad de toolkits que ayudan a trabajar el tema de la perspectiva de género de una manera práctica y dinámica. Me sorprendió también descubrir lo escondidos que estaban. Sin duda, también me sigue sorprendiendo la injusticia e invisibilidad que padecemos como mujeres en este sector. Y sobre todo, haciéndola he confirmado un pensamiento que tengo desde el inicio de mi carrera como docente: la importancia de la interdisciplinariedad. Ponerse en el lugar del otro, mirar las cosas desde diferentes perspectivas, siempre ayuda a ver con más claridad e imaginar alternativas para situaciones muy complejas. 

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Autor / Autora
Redactora col·laboradora
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