El porqué de la sociología

14 julio, 2022
sociologia

En el contexto del inicio del nuevo Grado de Sociología de la UOC, el profesor Isaac Gonzàlez, director de este nuevo programa, reflexiona sobre qué es la sociología, el sentido y la vigencia de esta disciplina y de la investigación sociológica.

¿Qué es la sociología?

En la forma más intuitiva de definirla, la sociología sería la disciplina que tiene su objeto de estudio en esa realidad tan etérea que llamamos «las sociedades». Pero, ¿cómo establecemos los límites entre aquello que consideramos que forma parte de una sociedad y aquello que no? ¿Cómo marcamos fronteras nítidas entre unas sociedades y otras? ¿Qué elementos consideramos que influyen en el devenir de una sociedad y cuáles otros no?

Desde sus orígenes, la sociología centró su interés en los grandes entornos sociales, urbanizados, conformados por masas de personas anónimas, que se entrecruzan y mezclan cotidianamente. Ya entonces no existían fronteras nítidas en las relaciones, vínculos e interacciones entre las personas como para sustentar “sociedades” autorreferentes y autocontenidas. La red de contactos interpersonales se extendía en un continuo entrelazado, aunque con densidades relacionales muy diferentes. Aquello que se influía y modificaba una sociedad podía provenir del entorno más directo o de la resonancia de algún fenómeno que alcanzaba, a velocidad variable, prácticamente en todo el globo. Este enorme conjunto de personas interconectadas resulta más continuo e indiferenciable con el paso de las décadas, hasta el punto de que, hoy en día, es casi imposible establecer contextos relacionales lo suficientemente independientes como para asegurar que definen sociedades relativamente diferenciadas. 

Y ¿qué estudia la sociología?

Ahora bien, que no podamos delimitar con exactitud a qué llamamos «las sociedades» no quiere decir que no exista «lo social», y es este el verdadero objeto de estudio de la sociología: aquel algo tan obvio como intangible, tan presente y tan ausente en todos los momentos de nuestra vida, de los más cotidianos a los más trascendentes. Lo social está presente en cualquier fenómeno o acontecimiento, porque nada de lo que percibimos es ajeno a la presencia del ser humano, aunque sea porque hay un humano que lo observa y le otorga algún sentido.

Y es que allí donde interactúa un ser humano hay sociedad, porque los seres humanos somos seres eminentemente sociales, modelados en nuestros anhelos y temores, objetivos y valores, hábitos y virtudes, a través de los vínculos directos e indirectos que establecemos con los demás desde que nacemos. Si entendemos que lo social es la materia más presente y al mismo tiempo más intangible de la vida que compartimos unos con otros, la sociología se encarga de esclarecer cómo funciona esta materia oscura. Busca comprender los componentes que hacen que, día tras día, toda la complejidad de la vida humana se recomponga y se reanude siguiendo la inercia del día anterior. La sociología desenmascara el misterio que se oculta en lo cotidiano, y que todos damos por supuesto, como si fuera natural.

Estudiar sociología: un reto estimulante para comprender, analizar e interpretar la sociedad

La ciencia social, en general, y la sociología en particular, se focalizan en la comprensión y en el análisis de fenómenos que se mueven y se escabullen del observador

Sin embargo, lo cierto es que incluso si reconducimos el objeto de estudio de la sociología de “las sociedades” a “lo social”, persiste la imposibilidad de acotarlo. Si la ciencia está permanentemente sujeta a ser revisada y superada en sus conclusiones y abstracciones teóricas, la ciencia social, en general, y la sociología en particular, se focalizan en la comprensión y en el análisis de fenómenos que se mueven y se escabullen del observador, que no pueden ser considerados en toda su integridad. Somos una ciencia especialmente precaria, pero esto hace que el reto de hacer investigación sociológica sea más estimulante. Asimismo, también hace que la sociología pueda ser más receptiva a las aportaciones de formas de conocimiento no estrictamente científicas, y que pueden convertirse en un apoyo valioso para la comprensión e interpretación de todo aquello que la sistematicidad científica no puede acabar de resolver.

Podemos abordar el estudio de cualquier fenómeno social, de cualquier «lo social», y también de los agregados relacionales que llamamos «sociedades», precisamente porque sabemos que algo se escapará a nuestro análisis -muchos diríamos que afortunadamente, porque nada da más miedo que una disciplina capaz de comprenderlo todo de la sociedad, y de comprenderlo todo del ser humano en tanto que ser social.

Entendida en este sentido, la respuesta a qué es la sociología sería que es la disciplina que se empeña en desmentir la famosa afirmación de la primera ministra británica Margaret Thatcher, cuando aseguraba que eso que llamamos “sociedad” no existe; existen los individuos, las familias o las comunidades vecinales, pero no «la sociedad». Cabe decir que la primera ministra Thatcher, al afirmar que la sociedad no existe, no se refería a que las sociedades están cada vez más interconectadas y no se ajustan a unidades administrativas aislables (como “la sociedad catalana” o “la sociedad española”). Abanderada como era de la implementación de un nuevo paradigma político, el neoliberalismo, que toma fuerza en los años 80 del siglo pasado, construía un relato ideológico que hiciera percibir las posiciones que las personas ocupamos en la trama social como resultados del esfuerzo, de los méritos personales y de las inversiones familiares. Un relato que, además, entendiera que las relaciones sociales surgen de los vínculos voluntarios entre las personas, arraigados en los compromisos personales que contraemos libremente. El orden y las desigualdades sociales serían el resultado de estas decisiones personales, plenamente legítimas.

Pero ¿por qué es importante el conocimiento sociológico?

Para ofrecer una mirada crítica y fundamentada sobre los fenómenos sociales

La sociología también se encarga de rebatir esta concepción de las relaciones sociales, evidenciando el peso de los condicionamientos estructurales de todo tipo que hacen que el orden social sea como es, y que las desigualdades sociales perduren y se reproduzcan más allá del merecimiento personal. El estudio riguroso y fundamentado empíricamente de los fenómenos sociales evidencia que el tejido institucional y normativo que envuelve toda acción y relación social condiciona lo que somos y lo que podemos llegar a ser cada uno de nosotros. Por eso la sociología es una disciplina que tradicionalmente ha sido especialmente sensible al estudio y la comprensión de la desigualdad y la exclusión social.

La sociología se interesa por el orden social y la desigualdad, las dos grandes fuerzas sobre las que se configura la vida colectiva, y observa cómo se reproducen día tras día, generación tras generación, y cómo se transforman condicionadas por cada emergencia cultural, económica o tecnológica. Es una disciplina que debe estar muy atenta a lo que surge, condiciona y está condicionado por la forma en que nos relacionamos. Lógicamente, las nuevas tecnologías y el mundo digital ocupan un espacio central en estas transformaciones, y el Grado de Sociología impulsado desde la UOC les presta especial atención. De hecho, la comprensión de las relaciones y la influencia recíproca entre las personas y estos fenómenos emergentes es una de las cuestiones que hace de la sociología una disciplina más viva que nunca.

En cualquier caso, el conocimiento sociológico permite que comprendamos mejor cómo son los vínculos interpersonales, las instituciones sociales y las normas que los sancionan. Lo hace con herramientas de análisis orientados a los contextos sociales más genéricos, solo aprehensibles a través de la compilación de datos agregados y codificados, mediante el recurso a encuestas o siguiendo el rastro, cada vez más repleto de información, que dejamos en registros administrativos o, sobre todo, en el entorno digital. También utiliza la observación atenta y empática de los entornos sociales más pequeños y particulares, partiendo de entrevistas o de la observación directa, y esta disposición permite comprender sentidos de las relaciones que de otra forma se nos escaparían.

La sociología es un valioso conocimiento para la mejora de cualquier organización pública o privada, orientada por principios y objetivos, y vinculada a la sociedad

Para dar respuestas rigurosas, contextualizadas, eficientes y plausibles en el ejercicio profesional

Partiendo de este conocimiento, la sociología incorpora claves que hacen posible ajustar mejor las instituciones y normas a los principios de justicia y de buena vida que decidimos colectivamente –en la medida, siempre limitada, en la que estas instituciones se dejan modular partiendo de la intervención intencionada de los actores sociales. Aquí radica su interés por el diseño, el análisis y la evaluación de las políticas públicas, una de las principales herramientas que orientan la acción social colectiva. También es un valioso conocimiento para la mejora de cualquier organización, pública o privada, orientada por principios y objetivos, y vinculada a la sociedad.

Imágenes y contra-imágenes de la disciplina

Las otras características sobre qué es la sociología se contraponen al estereotipo que hace que se la conciba como una disciplina que puede hablar de todo -de forma superficial o frívola y poniendo números o porcentajes a aquello que todo el mundo ya sabe-, pero que no se especializa en nada. 

La sociología es una disciplina interesada en la evidencia empírica y muchas de sus salidas profesionales se fundamentan en ese interés

Pero ciertamente, la nuestra es una disciplina interesada en la evidencia empírica, y muchas de las salidas profesionales de la sociología -como la intervención social, la investigación social o las políticas públicas- se fundamentan en ese interés. Las fuentes empíricas pueden ser desde datos cuantitativos agregados, surgidos de encuestas, hasta las reflexiones que comparten con nosotros las personas que entrevistamos, pero siempre el cuidado por el contraste empírico orienta la labor de la sociología. En ocasiones, las evidencias que obtenemos pueden no ir mucho más allá que confirmar percepciones ampliamente compartidas, pero incluso en este caso, el trabajo de validar saberes que muchos ya intuyen tiene valor en la toma de decisiones políticas u organizacionales, porque no es lo mismo basarlas en prejuicios que en certezas.

Sin embargo, la vocación de la sociología no la impele a quedarse con la información que transmite un dato, como si de una verdad revelada se tratara. Un dicho popular afirma que hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas, y como sociólogos debemos ser bien conscientes de la advertencia que subyace en esta afirmación. Los datos con los que trabajamos los sociólogos son outputs sintéticos con los que codificamos la complejidad de lo social. Esto conlleva que haya decisiones, intencionadas o no, en el proceso de sintetizar la información en un código; y que haya decisiones, intencionadas o no, en el proceso de describir la realidad y los fenómenos sociales, sirviéndonos y analizando estos códigos. Solo una sociología reflexiva, atenta a ello, puede generar conocimiento útil, crítico, y consciente de su potencial y también de sus limitaciones. La reflexión sociológica necesita densidad teórica y epistemológica para sumar, y nuestro grado evita transmitir un empirismo ingenuo, poco sensible a ello.

La sociología tiene un carácter holístico que permite entender los fenómenos sociales en toda su complejidad

Por otra parte, la sociología tiene siempre un ojo puesto en el resto de las ciencias sociales. Le interesa abordar las condiciones materiales de existencia, como hace la economía. También la organización colectiva y la distribución del poder, como observa la ciencia política, o cómo esta organización se formaliza mediante leyes, como en el derecho. Sin embargo, más que extrapolar de ello que la disciplina ocupa el epicentro de las ciencias sociales, con capacidad para abordarlo todo con solvencia, esta diversidad de intereses evidencia que debe permanecer atenta a las aportaciones más significativas de todas las disciplinas de las ciencias sociales, tanto teóricas como metodológicas. Uno de los elementos idiosincráticos de la sociología es su carácter holístico, es decir, su atención a las distintas dimensiones de los fenómenos sociales que permiten entenderlos en toda su complejidad.

Particularidades de la sociología

Sin embargo, hay elementos que son particulares de la sociología en su interpretación de su objeto de estudio, que es “lo social”.

  1. Foco en lo cotidiano: la primera particularidad es su focalización en lo más ordinario, cotidiano, y dado por supuesto: la realidad social en minúsculas. También esta realidad social está atravesada por mecanismos de control social, por la distribución desigual de recursos, y por vínculos, normas y resonancias insospechadas; y la realidad social en mayúsculas, aquella que suelen observar las disciplinas de las ciencias sociales más hegemónicas, solo se entiende parcialmente sin tenerlo en cuenta.
  2. El valor posicional: la segunda particularidad es que la sociología -como la concebimos nosotros, al menos- entiende que en toda acción e interacción social existe una dimensión invisible, que podríamos llamar como el valor posicional. Las acciones e interacciones no tienen solo el sentido funcional que le otorgamos de forma más directa y explícita, sino que articulan la gramática básica a través de la cual anunciamos, a menudo sin ser demasiado conscientes de ello, cuál es nuestra posición en el mundo y nuestra identidad. La sociología contempla aquella vertiente de la realidad que, por ejemplo, subyace en los gags de Pantomima Full, un dúo de humoristas que se dedican a desenmascarar cómicamente, ridiculizándolo, el sentido oculto y posicional de los gustos y prácticas culturales más modernas. Las prácticas y relaciones sociales tienen sentido en sí mismas, y no solo en esta proyección posicional; pero únicamente se pueden comprender plenamente si no se obvia su valor en esta dimensión simbólica, profundamente social.  

El grado de Sociología, una formación integral e interdisciplinaria

Es a partir de estas nociones sobre qué es la sociología que defendemos su necesidad, hoy más que nunca. Y es partiendo de aquí que hemos concebido el grado de Sociología que arrancamos el curso 2022/23 desde los estudios de Artes y Humanidades de la UOC. Es un programa que profundiza tanto en las singularidades disciplinares como en la proximidad con el resto de disciplinas de las ciencias sociales; que se fija y renueva los focos de interés tradicionales de la sociología y asume como propias las temáticas y retos emergentes; que forma en las competencias que favorecen las salidas profesionales – directas e indirectas- de la sociología, vinculadas al bagaje que se adquiere en el análisis empírico y la capacidad para dotarlo de cimentación teórica y relevancia transformadora. Esperamos que os resulte una propuesta tan estimulante como ha sido para nosotros pensarla, y lo será desplegarla. 

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Autor / Autora
Director del grado de Sociología, sociólogo y profesor de los Estudios de Artes y Humanidades
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