Tendencias en delincuencia: ¿Qué cabe esperar para el próximo año?

15 diciembre, 2021
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¿Cómo ha afectado el confinamiento y las restricciones de movilidad causa de la pandemia a la delincuencia? ¿Seguirán disminuyendo los delitos violentos y patrimoniales? Por contra, ¿veremos este próximo año un aumento de denuncias de ciberdelincuencia? ¿Ocurrirá lo mismo con las denuncias de violencia de género?

Desde los Estudios de Derecho, Criminología y Ciencia Política de la UOC analizamos las tendencias en criminalidad para el año 2022 con la ayuda de profesoras y profesores de los Estudios.

1. Tendencias de la violencia de género

Patricia Hernández, profesora del Grado de Criminología de la UOC

En lo que respecta a la victimización en la pareja, se observan diferencias interanuales en la tendencia de algunos indicadores. Tras analizar los datos recogidos en el Informe anual sobre Violencia de Género que elabora el Consejo General del Poder judicial, en el 2020 las denuncias por este delito han disminuido un 10.31%. En el mismo sentido, la tasa de mujeres víctima que se acogen a la dispensa de no declarar se ha reducido un 12,56%, siendo la tasa más baja de la serie 2011-2021. Otro de los datos relevantes es el referido a las órdenes de protección: en 2020 se solicitaron un 11,94 % menos de órdenes de protección, siendo la tasa más baja de los últimos 7 años. En lo que respecta a las condenas, las cifras se mantienen más o menos igual, siendo la cifra del 2020 la más alta del período 2011 – 2020 con un 73% de sentencias condenatorias. Añadimos un dato curioso: Cataluña es, desde hace años, la Comunidad Autónoma que menos órdenes de protección concede (49%), seguida de País Vasco y Madrid, siendo la media nacional de 71% de concesiones.

Habrá que esperar al informe del 2021 para observar si el cambio en algunas de esas cifras guarda relación con el confinamiento total que vivimos en el primer semestre de 2020. La hipótesis inicial es que sí, ya que fue más difícil para las víctimas exponer su situación, hubo menos contexto de detección, etc. Pese a ello, la solución al problema no está solo en denunciar, puesto que este tipo de víctimas necesitan un empoderamiento especial que les permita afrontar un proceso judicial.

2. Tendencias de los delitos violentos

Antonia Linde, directora del Grado de Criminología de la UOC

Al referirnos aquí a delitos violentos, tomamos en consideración los delitos de homicidio y asesinato, lesiones, agresión sexual y robo con violencia e intimidación en las personas. De acuerdo a los datos publicados por el Ministerio de Interior, disponibles en el Portal Estadístico de Criminalidad, los homicidios y asesinatos consumados, como ocurre en el resto de Europa, han disminuido en la última década pasando de 401 hechos conocidos por la policía en 2010 a 333 casos en 2019. En 2020, primer año Pandémico, los hechos de homicidio y asesinato conocidos por la policía disminuyeron a 298. En este sentido, algunas investigaciones recientes han mostrado que, mientras que la violencia doméstica no letal ha incrementado en España durante el primer año de pandemia, los feminicidios se han mantenido estables durante el mismo periodo. Estas cifras contradicen la hipótesis que sostenía que el confinamiento resultaría en un incremento de las muertes de mujeres en manos de sus parejas.

Las lesiones experimentaron también un descenso sostenido desde 2010, y experimentó un declive más representativo en 2020 cuando se alcanza la cifra más baja de la última década. Contrariamente, los malos tratos en el ámbito familiar han venido aumentado desde 2014, sin embargo, la cifra en 2020 es ligeramente inferior a la de 2019. Las agresiones sexuales, con y sin penetración que venían disminuyendo desde 2010, experimentaron un repunte desde 2017 y disminuyen considerablemente durante el 2020. Por último, el robo con violencia e intimidación han disminuido desde 2014, y alcanza la cifra histórica más baja durante el 2020.

En conclusión, de acuerdo a datos policiales, los delitos violentos en España, han seguido un constante descenso en los últimos años, incluido el primer año de la pandemia. Algunas de estas tendencias contradicen las predicciones que sostenían la hipótesis de que la victimización violenta en la esfera privada, experimentaría un aumento durante la pandemia. Dado que los delitos violentos requieren de contacto físico entre individuos, las tendencias futuras a corto y medio plazo de este tipo de comportamientos, vendrán condicionadas por la prolongación de las restricciones en el espacio público derivadas del contexto COVID y por la proliferación del uso de internet.

3. Ciberdelincuencia económica, social y organizada

Marc Balcells, Steven Kemp e Irene Montiel, profesores del Grado de Criminología de la UOC

Debido a los cambios sociales y tecnológicos de las últimas décadas, la cibercriminalidad económica ya estaba aumentando de manera continua antes del COVID-19. La investigación académica sobre los primeros meses de la pandemia ha encontrado que la aceleración de la vida digital a partir de marzo 2020 impulsó aún más el aumento del ciberfraude en el Reino Unido. Y los estudios sobre la relación a medio plazo entre los múltiples confinamientos y la cibercriminalidad económica indican que los niveles no disminuirán en 2022. Estas tendencias tienen sentido desde la perspectiva de las oportunidades delictivas: utilizamos internet con más frecuencia para trabajar, comprar, conocer gente nueva o invertir, lo que significa que se producen más oportunidades que agresores pueden aprovechar. De hecho, al contrario de lo esperado con los datos policiales, algunas encuestas apuntan a un aumento general de la delincuencia en 2020, impulsado principalmente por el aumento en el ciberfraude. Lamentablemente, la falta de datos en España hace que sea difícil trazar tendencias aquí, pero no hay motivos para pensar que sean muy distintas. En este sentido, en España, uno de los principales desafíos para combatir el aumento de la cibercriminalidad económica durante el próximo año será obtener una imagen más clara de las amenazas específicas a las que se enfrentan los individuos y las organizaciones.

Tanto las estadísticas oficiales (nacionales e internacionales) como las encuestas de victimización autoreportada, aunque escasas, apuntan que los cibercrímenes sociales como las amenazas y coacciones, el online grooming y la difusión no consentida de imágenes íntimas, van en aumento en los últimos años. Y lo que es más llamativo, los perpetradores son cada vez más jóvenes.  Especialmente preocupante es la tendencia creciente de la explotación sexual infantil online, incluidos los abusos sexuales «en vivo», y el tráfico del material derivado de estos, lo que se ha visto exacerbado durante el confinamiento por el COVID-19 (INTERPOL, 2020; EUROPOL, 2020). También sigue creciendo la autoproducción de material sexual por los mismos menores (EUROPOL, 2020), lo que puede constituir un importante factor de riesgo para sufrir otros cibercrímenes. Lamentablemente, nada hace pensar que estas tendencias vayan a cambiar a corto plazo, pues la mayoría de las medidas y planes de acción previstos están más focalizados en la ciberseguridad y la prevención de cibercrímenes económicos y políticos. 

Finalmente, en un 2022 en el que no parece que la pandemia vaya a remitir, el cibercrimen organizado va a seguir explotando esta situación, así como otras oportunidades que se dan en el ciberespacio para seguir aumentando sus ataques. No hay que olvidar que, si miramos los informes anuales de Europol respecto al número de operaciones policiales llevadas a cabo para frenar su avance, en 2020 se llevaron a cabo 430 (a la espera que se publiquen datos de las ejecutadas en 2021): una cifra ya muy alejada de aquellas 57 operaciones llevadas a cabo en 2013. Este 2022 nos obligará a seguir extremando nuestras precauciones en el entorno online al máximo: instituciones como Europol, Interpol o la United Nations Office on Drugs and Crime alertan de grupos organizados cada vez más expertos en seleccionar sus blancos y que cooperan con hackers y desarrolladores de malware. Estas instituciones destacan que los modus operandi de esta tipología de delincuentes son más agresivos y metódicos (por ejemplo, grupos dedicados al ransomware utilizan a su vez un ataque de denegación de servicios para obligar a las víctimas a pagar el rescate exigido). Europol alerta especialmente de la tendencia al alza de los ciberfraudes de inversión. Finalmente, los mercados tanto de bienes como de servicios delictivos seguirán al alza, habiéndose observado un aumento de peticiones como las de Malware-as-a-Service.

4. La delincuencia patrimonial

Josep M. Tamarit Sumalla, director del Máster Universitario de CIberdelincuencia

Las estadísticas oficiales han mostrado siempre que en España los delitos patrimoniales representan la mayor parte de la delincuencia denunciada. Según el último Anuario del Ministerio del Interior, en el año 2020 se denunciaron 1.304.424 delitos patrimoniales en todo el Estado. Incluso si de esta cifra se restan los 45.263 robos violentos (entendiendo que esta infracción es en esencia más un delito violento que patrimonial, dado el bien jurídico más valioso a que afecta) serían 1.259.161 delitos, que representan un 71,3% de toda la delincuencia denunciada (1.766.779 infracciones penales). En comparación con el año anterior, se aprecia un descenso muy similar al del conjunto de la delincuencia, que se refleja en la evolución de la tasa de criminalidad (delitos denunciados por 1.000 habitantes), que pasó de 46,8 (nivel moderado, según criterios de comparación entre países) en 2019 a 37,2 en 2020 (nivel bajo en términos comparativos). El descenso se ha constatado en todos los tipos de delincuencia patrimonial, excepto en las estafas, que aumentaron de 327.616 a 360.551 (un 10%). Debe atribuirse este cambio de tendencia al efecto del confinamiento domiciliario de la población, que se manifestó en los datos del primer semestre de 2020 y que comportó que se cometieran menos delitos en el espacio físico (en la calle, viviendas o vehículos) y más en el ciberespacio.

Lamentablemente no se dispone de encuestas de victimización para el conjunto del territorio del Estado que permitan conocer la evolución de la delincuencia real, pero si nos atenemos a los resultados de la encuesta realizada anualmente en Barcelona, la tasa de victimización (porcentaje de personas que padecieron algún delito durante el año) pasó de un 30,9 en 2019  un 23,5 en 2020, habiendo afectado el descenso a la victimización en el ámbito de la seguridad personal (en su mayoría patrimonial), así como a la experimentada en domicilios y vehículos. La encuesta de seguridad pública de Cataluña, sin embargo, no detectó esta disminución (pues la victimización general pasó de 25,9 en la edición anterior de 2017 a 27,6 en 2020), pero sí el incremento de las estafas, fraudes y engaños (en un 6,1%). Ambas encuestas reflejaron que las víctimas denuncian cada vez menos los delitos padecidos.

Como previsión para 2022 cabe esperar que la delincuencia patrimonial tienda a estabilizarse, en el contexto de una tendencia creciente a que las relaciones sociales y económicas se lleven a cabo en el ciberespacio, lo cual tiene un impacto en el incremento del ciberfraude y cierta contención de las sustracciones y de los delitos patrimoniales en el espacio físico. Las perspectivas pesimistas respecto a la evolución de la economía (especialmente en lo tocante a la inflación, los problemas de provisión de ciertos suministros y el empobrecimiento de un sector de la población) no se espera que vayan a impactar sobre los delitos, si tenemos en cuenta que la relación entre economía, distribución de recursos y delincuencia no es directa sino en su caso mediada por múltiples factores.

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Autores / Autoras
Directora del Grado de Criminología de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Dra. en Criminología por la Université de Lausanne. Colaboradora como investigadora en la Unidad de Investigación Criminológica de la Université de Lausanne desde 2009. Desarrolla su labor investigadora en el ámbito de las tendencias de la delincuencia, las fuentes de datos en Criminología, así como en el análisis y diseño de herramientas de medición de la victimización. Desde 2011 colaboradora como corresponsal española, con el grupo de expertos en estadísticas sobre criminalidad, European Sourcebook of Crime and Criminal Justice Statistics.    
Profesora de Criminología de la UOC. Ha publicado varios artículos en revistas nacionales e internacionales sobre victimización en las relaciones familiares, victimización sexual infantil, justicia restaurativa y análisis de la respuesta del sistema de justicia penal. Actualmente, es miembro del grupo consolidado de investigación "Sistema de Justicia Penal", realizando investigación sobre victimización en la pareja y la respuesta del sistema de justicia penal y del proyecto estatal "Abusos sexuales en instituciones religiosas", que investiga los abusos sexuales en esta institución.
Licenciado en derecho y criminología, Máster en Derecho penal y Ciencias penales así como máster en Criminal Justice, y Doctor en criminal justice por la City University of New York - John Jay College. La actividad I+D+i del investigador Marc Balcells aborda los delitos contra el patrimonio cultural y su inserción en la delincuencia transnacional (delincuencia organizada, terrorismo) e internacional (crímenes de guerra contra el patrimonio cultural). Específicamente, Marc Balcells es experto en el análisis criminológico del expolio arqueológico y el tráfico ilícito de este tipo de patrimonio: su análisis criminológico se basa en la figura del expoliador de tumbas y yacimientos arqueológicos. También ha investigado otros delitos contra la propiedad cultural, como son el robo y falsificación de obras de arte. Otros intereses de su investigación son el crimen organizado y transnacional, la victimología (miembro del grupo consolidado de investigación Sistema de Justicia Penal) y la ciberdelincuencia. Es editor del Journal of Art Crime
Doctor en Derecho, desde 1999 es Catedrático de Derecho penal de la Universidad de Lleida y desde 2010 Catedrático de la Universidad Oberta de Cataluña. Actualmente es el director del Máster Universitario de Ciberdelincuencia. Investigador principal del Grupo "Sistema de justicia penal". Su actividad de investigación se ha centrado especialmente en la victimología, la justicia restaurativa y el sistema de sanciones penales.
Profesora del Grado de Criminología y el Máster en Ciberdelincuencia de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).  Sus ámbitos de estudio son la victimologia, la ciberpsicología y la ciberdelincuencia (abuso sexual infantil, polivictimización, victimización online múltiple, ciberacoso, online grooming, sexting, etc.).
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