Restituciones de patrimonio cultural saqueado durante el colonialismo

21 septiembre, 2022
Escultura Nok. Patrimonio cultural africano. Escultura de la cultura Nok (Nigeria) expuesta en el Museo del Louvre (Paris)

Un tema muy delicado, controvertido y que nos indica cómo (culturalmente) las cosas están cambiando lentamente en el mundo del arte es el de la restitución del patrimonio saqueado durante el colonialismo. Esta cuestión afecta a una serie de naciones que consideran, legítimamente, que no quieren ver su patrimonio cultural disperso por las colecciones privadas y museos del mundo. En estos momentos, mi investigación sobre este tema pasa por buscar un encaje con la victimología como disciplina empírica que nos pueda aportar datos sobre vivencias y mecanismos reparadores para estas comunidades. 

Posiblemente, algunos de ustedes hayan estado de viaje por África, o por otros continentes donde la presencia de colonias en siglos anteriores les ha vaciado de patrimonio cultural. ¡Cuidado! Nótese que digo patrimonio cultural y no arte: precisamente los poderes que se llevaron estos ítems los dejaron en museos a lo largo de los años, pero posiblemente lo que en un museo es una pieza interesante de ver para una determinada comunidad es un ídolo en quien rezar o un objeto con un significado específico en su día a día. 

A lo largo de la historia hemos visto cómo unas civilizaciones han invadido a otras, cómo algunas de ellas han caído, cómo las fronteras han desaparecido… con un efecto directo también en el patrimonio cultural. Ha ocurrido con tribus aborígenes, con antiguas civilizaciones o más recientemente, con guerras (por ejemplo, lo que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial). No se debe olvidar, además, que cuando el colonialismo imperaba, estas conductas eran bastante aceptadas. Un ejemplo: los británicos llevaron a cabo una expedición punitiva en 1897 contra el reino de los Edo, en Nigeria. En 1892, el vicecónsul Henry Galloway y el Oba (rey) Ovonrawmen firmaron la anexión del reino al Reino Unido; pero como fuese que los oba no acababan de acatar las órdenes del todopoderoso imperio británico, la metrópoli tuvo que castigarlos, y de ahí esta expedición. Evidentemente, una campaña militar no sale gratis ni es barata, y, por tanto, mucho patrimonio cultural fue llevado hacia Londres en concepto de pago por los gastos de la expedición castigadora.

Lo que resulta más increíble es que el propio Reino Unido ya estaba, desde 1815, encabezando un movimiento para salvaguardar el arte… de las campañas napoleónicas, claro: en aquel momento el arte europeo era el Arte que valía la pena proteger, no el africano. Reino Unido había insistido en que el patrimonio cultural saqueado por Napoleón en sus campañas militares debía ser devuelto a sus legítimos propietarios, y una sucesión de códigos militares y convenciones legales desde entonces había establecido el principio de que durante la guerra las obras de arte no debían ser objetivo de acción militar o saqueo. 

Con la descolonización de muchos estados en pleno siglo XX, en 1960 Nigeria se convierte en una nación independiente. Su patrimonio cultural saqueado durante el colonialismo, pero, permanecerá en los museos de todo el mundo y en colecciones privadas. Y aquí podemos empezar a ver un doble rasero que, como decía, está cambiando lentamente: a lo largo del siglo XX hemos visto el retorno de muchas obras de arte expoliadas de Europa (por ejemplo, las obras de arte compradas o confiscadas bajo coacción por los nazis a sus propietarios judíos) pero no de África

Se cree que alrededor del 90 % del patrimonio cultural de África se encuentra en Europa: Solamente el Museo Quai Branly de París contiene unos 70.000 objetos africanos, mientras que el Museo Británico de Londres tiene decenas de miles más.

Actualmente, nuevos vientos soplan respecto al retorno del patrimonio expoliado por naciones europeas en África. ¿Qué pasó para que todo cambiara? Pues una visita del presidente francés Emmanuel Macron a Burkina Faso en 2017, en la universidad Joseph Ki-Zerbo. Allí pronunció un discurso en el que dice que haría todo lo posible para devolver parte del patrimonio cultural de África saqueado por la Francia colonial. Cuatro años después, Macron saludó el inicio de lo que esperaba que fuera una restitución justa de las piezas patrimoniales saqueadas. La restitución de Francia de los artefactos de Benin ha tenido ramificaciones en Europa y sus antiguas colonias, y ha abierto debates sobre los artefactos saqueados que actualmente se encuentran en museos e instituciones de diversas naciones de Europa occidental. 

Se cree que alrededor del 90 % del patrimonio cultural de África se encuentra en Europa, estiman los historiadores del arte franceses. Solamente el Museo Quai Branly de París contiene unos 70.000 objetos africanos, mientras que el Museo Británico de Londres tiene decenas de miles más. Los llamamientos de restitución culminaron el año pasado con una votación en el parlamento francés, donde los legisladores apoyaron abrumadoramente a devolver un grupo de artefactos a Benín y Senegal, otra antigua colonia francesa. Bélgica ha hecho una ley obligando a la restitución de bienes saqueados y creó una lista de objetos que asciende ya a 85.000 ítems. 

¿Por qué es esto importante? Pensémoslo desde el punto de vista de la victimología, el estudio científico de las víctimas. Para estas comunidades existe una pérdida de identidad por falta de conexión con el pasado; sus objetos están privados de propósito y contexto (sobre todo si lo que para nosotros es un objeto digno de estar en un museo tiene una determinada finalidad en el día a día de una comunidad); o el haber perdido objetos (algunos de ellos sagrados) repartidos por todo el mundo en instituciones culturales que, al no reconocer cómo se obtuvieron, legitiman el discurso del colonialismo, llevando a cabo una victimización en curso siempre que los objetos estén expuestos. 

Por eso es relevante que tomemos conciencia de estos actos y de estos gestos, que llegan bastante tarde, pero bienvenidos sean. Estemos atentos a la terminología: estas comunidades buscan una reparación como reclamación legítima, no la generosidad de una institución cultural al devolverles algo que les fue sustraído en su día. A su vez, no olvidemos que culturalmente, en muchos Estados africanos, el papel del perdón es muy importante, buscando soluciones más cercanas a la justicia restaurativa que al castigo. Este tipo de justicia lo que busca es restaurar el orden roto por la fechoría o el delito acercando al autor y al perjudicado. Y si no, lean lo que dice el Dr. Kwame Opuku, un activista nigeriano: So, European countries, stop being afraid. Don’t get defensive. Ask for forgiveness. You will be forgiven. There is still a long way to go, but dialogue on the return of African heritage – whatever form it takes – will be all the smoother.

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Autor / Autora
Licenciado en derecho y criminología, Máster en Derecho penal y Ciencias penales así como máster en Criminal Justice, y Doctor en criminal justice por la City University of New York - John Jay College. La actividad I+D+i del investigador Marc Balcells aborda los delitos contra el patrimonio cultural y su inserción en la delincuencia transnacional (delincuencia organizada, terrorismo) e internacional (crímenes de guerra contra el patrimonio cultural). Específicamente, Marc Balcells es experto en el análisis criminológico del expolio arqueológico y el tráfico ilícito de este tipo de patrimonio: su análisis criminológico se basa en la figura del expoliador de tumbas y yacimientos arqueológicos. También ha investigado otros delitos contra la propiedad cultural, como son el robo y falsificación de obras de arte. Otros intereses de su investigación son el crimen organizado y transnacional, la victimología (miembro del grupo consolidado de investigación Sistema de Justicia Penal) y la ciberdelincuencia. Es editor del Journal of Art Crime
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