La gobernanza de datos en la agenda geopolítica de la Unión Europea

29 junio, 2021
gobernanza de datos

Para la Unión Europea (UE), China, los Estados Unidos, y otros países que buscan consolidarse como actores de influencia en la era digital, como India o Japón, la gestión, acceso y control de los datos se ha convertido un punto prioritario de la agenda geopolítica.

Bien visto, se podría decir que la lucha por la información – al fin y al cabo, es la esencia de los datos-, como elemento de dimensión geográfica del poder, se acentuó hace aproximadamente treinta años. En la década de los 90s, se extendió entre las grandes economías occidentales un sistema de crecimiento y desarrollo económico que tiene como piedras angulares el conocimiento y la información. En el marco de lo que se conoce como knowledge-based economy, la información se convirtió en el motor de la productividad y el desarrollo.[1] De esta manera, en los países con las economías más avanzadas hubo un cambio de perspectiva con el que el conocimiento y la información se convirtieron, en palabras del Banco Mundial, en el factor más determinante de los niveles de vida; más importante incluso que los recursos tradicionales, como la tierra, la mano de obra, las herramientas, etc.[2]

El valor de los datos para empresas y gobiernos

La economía digital es una de las manifestaciones modernas de la economía del conocimiento, en la que los datos juegan un papel preponderante tanto para los servicios digitales, el comercio electrónico y la inteligencia artificial. La importancia de los datos en la economía actual ha llevado a acuñar el término de “economía de los datos” o “data-driven economy”.[3] A través de compras online, búsquedas por internet, suscripciones a diferentes servicios, “likes”, etc., cada día generamos una cantidad ingente de datos que arrojan información sobre diversos aspectos de nuestras vidas. Los datos tienen tanto valor que se han convertido en medios de pago en sí mismos. Por ejemplo, para utilizar algunos servicios digitales aparentemente gratuitos, como Facebook, los usuarios consienten el acceso a datos de carácter personal. Muchos productos que están conectados a internet incorporan software que permite al vendedor estar recibiendo información del consumidor de manera constante. En mayo 2017, la revista The Economist lo decía claramente: El recurso más valioso del mundo ya no es el petróleo, sino los datos (traducción propia)[4]. Los gigantes digitales como Google, Apple, Facebook, Amazon recaban datos, los almacenan, los utilizan o los venden, sin el conocimiento pleno por parte de sus clientes, y facturan miles de millones de euros al año. Esto ha llevado a algunos sectores a pedir compensaciones económicas para los particulares por el uso de sus datos.[5] Los datos, además, pueden ser copiados fácilmente o cruzar el mundo en un segundo gracias a internet.

Más aún, los datos no solo son de interés o tienen valor para el sector privado. Facebook, por ejemplo, a través de su Centro de Transparencia, informa sobre el número de solicitudes que recibe de los gobiernos de diferentes países para acceder a los datos de sus usuarios; en 2020, hubo más de 190,000 solicitudes.[6] Desde el Máster de Derechos Humanos, Democracia y Globalización de la UOC advertimos que el control de la población a través de los datos de carácter personal puede afectar los derechos civiles y políticos, especialmente en el contexto de gobiernos totalitarios.

Es evidente que los flujos de datos representan uno de los focos principales de interés para las empresas (y algunos Estados), pero su regulación a nivel internacional es compleja, en particular, porque los tres principales bloques económicos del mundo, UE, los Estados Unidos y China han adoptado enfoques diferentes. La protección de los datos personales y el acceso o restricciones a los servicios digitales canalizan gran parte del debate sobre estos temas.

¿Restricciones o libre flujo de datos?

Existen diferentes formas de restringir el comercio de servicios digitales, algo que a su vez tiene un impacto sobre el flujo de datos a nivel internacional. Por ejemplo, se pueden excluir el acceso a extranjeros a sectores enteros del mercado de servicios digitales nacional, exigir la posesión de licencias para prestar servicios digitales determinados o, algo relevante en este ámbito, exigir el almacenamiento de datos localmente.

El índice de restricciones al comercio de servicios digitales de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) indica que, en el 2020, China fue uno de los países que más restricciones ha impuesto, solo detrás de Kazajistán.[7] La ley sobre Ciberseguridad de China, en vigor desde 2017, ha introducido nuevas restricciones que afectan a las transferencias internacionales de datos, aunque algunos desarrollos normativos en el campo de las inversiones extranjeras permiten mayor apertura en el sector de los seguros, el transporte o las telecomunicaciones con valor añadido[8]. En general, China mantiene un estricto control del internet censurando o bloqueando el acceso de algunos contenidos por parte de sus ciudadanos.  A través de los que se conoce como La Gran Muralla de Fuego (en inglés Great Firewall) se excluye el acceso a fuentes de información críticas con el desempeño del gobierno, pero también muchos otros contenidos. Adicionalmente, China impone la autocensura de los mensajes de las redes sociales a las empresas con penas de prisión disuasorias.[9] Por su parte, los Estados Unidos es uno de los países que menos restricciones ha impuesto al comercio de servicios digitales, detrás de Costa Rica, Canadá y Noruega[10].  El libre flujo de datos ha sido defendido por los Estados Unidos bajo una política de laissez faire, algo que beneficia a sus gigantes tecnológicos, líderes mundiales del sector; no obstante, algunas amenazas de restricciones al uso aplicaciones chinas como TikTok, bajo argumentos de seguridad nacional, preocupan a algunos sectores por ser un potencial cambio de perspectiva (véase en este sentido Anupam Chander Soverignty 2.0). La UE es bastante abierta, en lo que se refiere al acceso a los servicios digitales, pero no al nivel de los Estados Unidos.

Por lo que se refiere a la protección de los datos de carácter personal, China ha adoptado algunas leyes para proteger los derechos de los consumidores y exige a las empresas que conserven localmente los datos que recaben; sin embargo, con fundamento en la Ley de Seguridad Nacional, las empresas tienen obligación de conceder acceso a estos datos a las agencias del gobierno. Por su parte, en los Estados Unidos la libertad de pensamiento y de expresión tienen un peso importante, dando un amplio margen de actuación a sus plataformas digitales. En los tratados de libre comercio las cláusulas de protección de datos personales suelen no ser muy estrictas y, en general, la protección de los datos personales no es un objetivo primordial. En la UE la privacidad es un derecho fundamental. El Reglamento General 2016/679 sobre Protección de Datos (GDPR), en vigor desde 2018, confiere el derecho a los ciudadanos sobre sus datos personales. Todo tratamiento de datos personales exige el consentimiento de sus titulares, debe limitarse el uso de datos a la finalidad para la que se autoriza el acceso y los datos que pueden recabarse deben limitarse a lo estrictamente necesario para lograr dicha finalidad.[11]

Estrechamente relacionada con la importancia de los datos, la tecnología de la inteligencia artificial despierta instintos básicos de supervivencia y competencia entre los Estados[12], ya que el potencial de generar cambios en los equilibrios de poder a nivel global. Las palabras del Presidente Ruso, Validmir Putin, sobre la importancia de la inteligencia artificial en relaciones internacionales no dejan lugar a dudas: “El país que lidere en materia de inteligencia artificial dominará el Mundo” (traducción propia).[13] Esto es un problema actualmente para Europa, ya que en esta carrera aún va por detrás de los Estados Unidos y China.

Un informe del Parlamento Europeo sobre Aspectos Geopolíticos del Comercio Digital de 2019 observa que la UE, pese a ser exportadora neta de servicios, muchos de ellos digitales, no es muy competitiva. De hecho, sostiene que en todos los aspectos que han llevado a las compañías de los Estados Unidos a liderar el sector a nivel global, la UE está en desventaja. El informe alerta sobre la necesidad de realizar inversiones en I+D en inteligencia artificial y recomienda dar prioridad a las tecnologías digitales que mejoran la productividad, un ámbito en el que los Estados Unido aún no han establecido su primacía y en el que Europa puede utilizar su poder de manufactura para desarrollar plataformas digitales. También recomienda la consolidación del mercado interior de servicios digitales, lo que permitiría a los proveedores de servicios digitales europeos llegar a un mercado más grande.[14] Esto es algo que las instituciones de la UE buscan lograr a través de la Propuesta de Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo relativo a un mercado único de servicios digitales (Ley de servicios digitales) y por el que se modifica la Directiva 2000/31/CE, COM/2020/825 final, de 15 de diciembre de 2020.

En conclusión, la gobernanza de los datos es un reto geopolítico de primer orden. En este sentido, los tres principales bloques económicos globales se han basado en diferentes premisas que pueden a llevar fragmentar internet: China da prioridad al control por parte del gobierno, los Estados Unidos buscan sobre todo dar apoyo a sus gigantes digitales a través de una política de laissez-faire, y en la UE la privacidad y los derechos de sus ciudadanos están por encima de los intereses comerciales.  La UE, que va perdiendo posiciones en el tablero mundial ante los avances de los Estados Unidos y China, apuesta por la consolidación del mercado interior de servicios digitales, pero aún es pronto para saber si será suficiente para detener o revertir la pérdida de protagonismo en el marco actual de economía de los datos.


Referencias

[1] OECD, The Knowledge-Based Economy. OCDE/GD(96)102, Paris, 1996.

[2] World Bank, World Development Report 1998-1999, p. 16.

[3] Comisión Europea, COMUNICACIÓN DE LA COMISIÓN AL PARLAMENTO EUROPEO, AL CONSEJO, AL COMITÉ ECONÓMICO Y SOCIAL EUROPEO Y AL COMITÉ DE LAS REGIONES:  Hacia una economía de los datos próspera, COM(2014)442 final, 2/7/2014.

[4] “Regulating the internet giants: The world’s most valuable resource is no longer oil, but data”, The Economist, May 6th, 2017

[5] “We need to own our data as a human right-and be compensated for it”, The Economist, London, January 21s, 2019.

[6] Facebook’s Transparency Center. Disponible en: https://transparency.fb.com/data/government-data-requests

[7] OCDE, Digital Services Trade Restrictiveness Index, disponible en: https://stats.oecd.org/Index.aspx?DataSetCode=STRI_DIGITAL (consultado el por última vez el 26 de junio de 2021)

[8] OECD, Service Trade Restrictiveness Index: Policy trends up to 2021, pp. 18-19. Disponible en: https://issuu.com/oecd.publishing/docs/oecd-stri-policy-trends-2021?fr=sMGVlMjI5ODk2NDE (consultado el por última vez el 26 de junio de 2021)

[9] Niclas Frederic Poitiers, Dennis Görlich, Geopolitical Aspects of Digital Trade, European Parliament’s Committee on International Trade: Belgium, 2020, pp. 12-13.

[10] Véase nota al pie 7.

[11] REGLAMENTO (UE) 2016/679 DEL PARLAMENTO EUROPEO Y DEL CONSEJO de 27 de abril de 2016 relativo a la protección de las personas físicas en lo que respecta al tratamiento de datos personales y a la libre circulación de estos datos y por el que se deroga la Directiva 95/46/CE (Reglamento general de protección de datos), Diario Oficial de la Unión Europea L 119/I, de 4/5/2016)

[12] Michael Horowitz, Elsa B. Kania, Gregory C. Allen and Paul Scharre, Strategic Competition in an Era of Artificial Intelligence, Center for a New America Security Series, July 2018.

[13] “Whoever leads in AI will rule the world”: Putin to Russian children on the Knowledge Day”, RT.com World News, 1 Sept. 2017. Disponible en: https://www.rt.com/news/401731-ai-rule-world-putin/

[14] Niclas Frederic Poitiers, Dennis Görlich, op. cit, nota al pie 9, pp. 21-22.

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Autor / Autora
Director del Máster universitario de Derechos Humanos, Democracia y Globalización de la UOC. Doctor en Derecho internacional público (UPF) y colaborador del Centro de Estudios Internacionales de Barcelona en temas relacionados con la Diplomacia y las Organizaciones internacionales. 
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