Internet: ¿Una herramienta de presión diplomática hacia Rusia?

25 abril, 2022
Internet Telegram ruso Christian Wiediger para Unsplash

El avance de las nuevas tecnologías ha cambiado el mundo, transformando prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida. Especial mención merece como estas han moldeado y ampliado el concepto de diplomacia, dando lugar a los términos diplomacia digital o ciberdiplomacia. La diplomacia digital no deja de ser una extensión de la diplomacia tradicional y cubre espacios muy diversos, desde los retos internacionales del sistema digital, la llamada influencia diplomática (diplomatic influence), la gestión de la información y del conocimiento hasta cuestiones de servicio público.

Hay varios incentivos para que los Estados trabajen entre sí en el sistema internacional. Tal como lo describe la teoría realista de las Relaciones Internacionales, los Estados buscan seguridad y poder dentro del sistema internacional. Para obtener seguridad y poder, dichos Estados construyen relaciones estratégicas entre sí, alianzas para defender sus propios intereses. Por lo tanto, la vulnerabilidad de dichos Estados, su deseo de poder, sus intereses comunes con otros Estados y su búsqueda de beneficios derivados del comercio, les lleva a participar en la diplomacia pública (Andrés Rozental, y Alicia Buenrostro, 2013).

Entre las formas de presión diplomática tradicionales encontramos las sanciones económicas, la ayuda militar o la guerra subversiva. El desarrollo de Internet proporcionó la primera oportunidad de acceso instantáneo a nueva información y la capacidad de enviar un mensaje escrito en cuestión de segundos, lo cual ha afectado a la actividad diplomática. Son varios los interrogantes: ¿puede internet funcionar como una herramienta de presión diplomática? Más concretamente, ¿es o puede utilizarse internet como herramienta de presión diplomática hacia Rusia en la reciente guerra en Ucrania?

En el caso de las acciones de presión diplomática que se han llevado a cabo contra Rusia como represalia por la invasión de Ucrania, la Unión Europea ha aprobado cinco paquetes de sanciones contra lo que muchos entienden también como una guerra económica:

–          El 28 de febrero de 2022, la Unión Europea, Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Japón, Australia y Suiza bloquean las reservas internacionales del Banco Central de Rusia, lo cual podría, eventualmente, provocar el colapso de la economía rusa.

–          La Unión Europea reactivó su política de sanciones a personas vinculadas con el gobierno ruso. Se han inmovilizado activos de oligarcas como mansiones, yates, empresas y aviones.

–          Sanciones sobre el sector energético ruso. Se trata de uno de los principales motores económicos del país. Mientras que Estados Unidos ha interrumpido la compra de gas y petróleo, la Unión Europea está discutiendo si interrumpir dicha compra.

–          Por otro lado, se han adoptado varias sanciones sobre las finanzas como medida de presión diplomática: se ha restringido el acceso al mercado de la Unión Europea para entidades rusas, se ha prohibido suministrar billetes de euros a Rusia y se ha restringido el acceso al sistema SWIFT a siete bancos rusos.

–          En el ámbito del comercio se ha prohibido exportar artículos de lujo a Rusia, así como importar productos siderúrgicos desde Rusia.

–          En lo referente a la defensa, se ha restringido la exportación para sectores de defensa y seguridad.

–          La UE ha limitado los visados diplomáticos y la maquinaria mediática rusa, prohibiendo algunas televisiones como Russia Today.

¿Qué ocurre respecto a las sanciones que limiten el acceso a Internet?

Lo cierto es que Ucrania ha pedido desconectar a Rusia de Internet, lo cual significa revocar todos aquellos dominios emitidos en el país. Sin embargo, la Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números – el organismo internacional que gestiona el sistema de nombres de dominio y direcciones IP del internet global – no accedió a tal propuesta al entender que no es técnicamente factible ni está dentro de la misión de la ICANN.

En primer lugar, debemos señalar que Internet es un sistema descentralizado y, en sentido estricto, ningún actor tiene la capacidad de controlarlo o apagarlo (Marby, 2022). A pesar de la caída en la conexión, los expertos señalan que un aislamiento total es poco probable (Gascón, 2022).

Aislar a un país – en este caso, Rusia – de Internet, o limitar el acceso a la misma, puede tener consecuencias devastadoras,  pues potenciaría la censura y desinformación, aspecto que  cobra especial relevancia teniendo en cuenta que el Gobierno de Putin lleva desde 2019 preparando su RuNet con la intención de proteger al país de posibles ciberataques extranjeros. Precisamente su proyecto puede servir ahora para evitar la desconexión en el territorio. Esto podría llevar a un completo aislamiento, como el que ocurre con la red de China – que tiene su propia versión de internet – o la de Irán. Según el diario ruso Kommersant, el Gobierno ruso «ha dado instrucciones a todos los sitios web y servicios estatales para que cambien al sistema de nombres de dominio ruso antes del 11 de marzo».

En un artículo reciente publicado por la revista MIT Technology Review se analizan los riesgos irreversibles de que Rusia se aísle en su propio internet y se afirma que si Rusia se desconecta del internet global, o acaba expulsada del mismo, puede que la red nunca vuelva a ser la misma para nadie, ya que tal ruptura no sería por motivos tecnológicos – sino políticos – y sería realmente complicado de restaurar.

El fácil acceso a la red, la censura, la desinformación y los riesgos de ciberseguridad son algunos de los principales desafíos que han convertido a Internet en una poderosísima herramienta de presión diplomática, pero también de control político, estando íntimamente entrelazadas.  En este sentido, los riesgos o los daños colaterales de un potencial aislamiento de Internet de Rusia serían catastróficas y es ahí cuando entra la diplomacia, que incluye el arte de seleccionar las mejores y más precisas formas de solucionar un conflicto.

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Autor / Autora
Graduado en Derecho por la Universidad Internacional Isabel I de Castilla y Máster en Derecho Público y de la Administración Pública. Posee más de 5 años de experiencia como jurista dentro del Ministerio de Justicia de España. Además, es profesor asociado del Máster de International Affairs and Diplomacy (UOC, UNITAR).  
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