La Unión Europea y sus dificultades en el Indo-Pacífico

20/02/2025
indo-pacífico

Iniciamos una nueva serie de entradas en nuestro blog dedicada a explorar los trabajos finales de grado (TFG) del Grado de Relaciones Internacionales. En cada publicación, compartiremos los principales hallazgos, logros y reflexiones que han surgido de sus investigaciones, contribuyendo así al debate académico en temas de relevancia global.

En esta primera entrega, nos centraremos en el trabajo de Nicolás Gonzalo Martín, titulado “El papel secundario de la Unión Europea en el Indo-Pacífico: la involucración europea en los asuntos de seguridad y defensa de la región”. Nicolás Gonzalo defendió su investigación con éxito en junio de 2024, abordando un tema de creciente importancia en el panorama geopolítico actual.


La realidad política que caracteriza los últimos tiempos, especialmente los resultados de las últimas elecciones europeas y norteamericanas, ejerce una notable presión sobre la Unión Europea y crecen los interrogantes sobre cómo la UE puede fortalecer su identidad para ganar protagonismo en un contexto internacional indudablemente inestable. En mi TFG identifiqué la manera en la que la UE presta atención al Indo-Pacífico, una región que alberga un extenso grupo de Estados, algunos de ellos con un notable poder duro y blando (China, Japón, Corea del Sur, Australia, Estados Unidos…) y que es y será un escenario clave en la rivalidad entre China y los Estados Unidos. 

Actualmente, la aproximación de la UE hacia la región genera dudas dentro y fuera de sus fronteras porque los Estados del Indo-Pacífico no deben centrarse exclusivamente en las políticas comerciales, sino también en las políticas de seguridad y defensa. Es precisamente en este último ámbito en el que la UE tiene serias dificultades para sobresalir porque hasta la fecha ha sido actor eminentemente normativo, es decir, centrado en propagar ciertas normas internacionales. Por ello, me pareció interesante preguntarse si la falta de involucramiento de la UE en los asuntos de seguridad y defensa del Indo-Pacífico está contribuyendo a que Europa no adquiera un papel protagonista en esta región. Esta pregunta es la que ha guiado mi investigación presentada en julio de 2024, y en la cual he analizado la relación de la UE con algunos Estados del Indo-Pacífico. En definitiva, he querido entender el papel que está jugando la UE en la región.  

Antes de analizar dicha cuestión me fijé en las respuestas que los Estados regionales articulan para hacer frente al ascenso de China. La respuesta más común constituye una estrategia de equilibrio de poder o de balancing de baja intensidad. En esencia, se trata de la tradicional estrategia en la que un Estado lleva a cabo medidas de confrontación con una potencia que se percibe como una amenaza tales como un aumento de las capacidades defensivas propias o la alianza militar con otros actores que perciben la misma amenaza, Lo que pude observar es que los Estados indopacíficos que siguen esta estrategia defienden el mantenimiento de la presencia militar de los Estados Unidos en la región, pero rechazan establecer formalmente una alianza militar contra China. Lo contrario a esta estrategia, recordemos, sería acceder a someter su autoridad a la voluntad de China a cambio de beneficios y protección compartidos, la respuesta más común sería el bandwagoning.

La preocupación por el ascenso de China y las consecuencias de la rivalidad sino-americana son una constante en los tres Estados en los que se ha centrado la investigación: Australia, Japón y Corea del Sur. Por un lado, Australia está llevando a cabo en los últimos años un proceso de reevaluación de sus políticas hacia el Indo-Pacífico por la amenaza que supone China. Por otro lado, Japón ha mostrado en los últimos tiempos no solamente un cambio en su política exterior y de seguridad (impulsado por el anterior primer ministro por Shinzo Abe), sino también una mayor preocupación por el ascenso de China. La mayoría de los decisores públicos japoneses consideran a China más como una amenaza en términos de seguridad que como un socio comercial, es decir, los decisores japoneses son principalmente balancers. Finalmente, no hay que olvidar que Corea del Sur también ha respondido al ascenso de China a través de la NSP (New Southern Policy) del presidente Moon Jae-in y, sobre todo, de la Estrategia para un Indo-Pacífico libre, pacífico y próspero del presidente Yoon Suk-yeol anunciada en 2022, con la que se pretende poner fin a la tradicional ambigüedad estratégica de Corea del Sur.

En este contexto, y a pesar de lo que se podría esperar siguiendo una lógica realista, a UE no demuestra un claro interés por los asuntos de seguridad y defensa del Indo-Pacífico. En el caso de Australia, el Acuerdo Marco firmado con la UE no incluye mención alguna a la seguridad del Indo-Pacífico, y la alianza AUKUS (Australia, Reino Unido y los Estados Unidos), un pacto centrado en cuestiones de seguridad y defensa en el Indo-Pacífico, no solamente ocasionó una crisis diplomática con Francia (Australia había realizado un encargo de submarinos convencionales franceses que se canceló tras el pacto), sino que demostró la falta de unidad europea en lo que respecta al papel de Europa en la región. La UE también ve afectada su relación con Japón por la ambigüedad de la posición europea con respecto a China (socio y competidor a la vez) y por el papel neutral de la UE en la disputa entre China y Japón por las islas Senkaku/Diaoyu. Por último, la relación de la UE con Corea del Sur se ha centrado en la cooperación para tratar los asuntos de la península de Corea y promover la cooperación trilateral entre China, Japón y Corea del Sur. Así, la UE se ha enfocado más en los asuntos de “seguridad blanda” que en los asuntos de “seguridad dura”, siendo estos últimos mayormente tratados en la relación entre Corea del Sur y la OTAN.

Tras analizar los tres casos, fueron varias las conclusiones que pude extraer de las relaciones de la UE con estos tres países. Por un lado, se observa una clara ausencia del factor China en las propuestas europeas para la seguridad de la región, pues las menciones al país en los documentos oficiales europeos se limitan a ámbitos donde ambos pueden mejorar su cooperación (medioambiente, comercio…). Por otro lado, su enfoque basado en cuestiones de seguridad blanda proyecta entre sus socios regionales una imagen de actor no capacitado para ser un verdadero proveedor de seguridad y centrado más en la seguridad del diálogo que en la seguridad de la acción, es decir, que sus propuestas en materia de seguridad no se traducen en acciones concretas. Finalmente, la actitud de los líderes europeos demuestra que la UE otorga mayor importancia a las cuestiones de carácter económico o normativo que a los asuntos de seguridad. Por ejemplo, Josep Borrell afirmó tras la crisis entre Australia y Francia por la venta de material militar que AUKUS no sería un obstáculo para las negociaciones de un acuerdo de libre comercio entre la UE y el Gobierno australiano.

Cambiar la política europea hacia el Indo-Pacífico no será tarea fácil. Se necesita un mayor compromiso y determinación para redoblar los esfuerzos en la región y ello exige un mayor interés de las instituciones europeas y de los Estados miembros. Además, sería conveniente buscar soluciones creativas. Desde este pequeño espacio de reflexión se propone valorar la posibilidad de crear un ejército europeo a imagen y semejanza de las Fuerzas de Autodefensa de Japón, conjugando así el carácter normativo de la UE con el necesario esfuerzo que se debe realizar en materia de seguridad y defensa.

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