Núria Franco-Guillén: “La cuestión territorial de Cataluña no está resuelta”

16/12/2024
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Doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Pompeu Fabra, donde recibió el premio extraordinario a la mejor tesis, Núria Franco-Guillén ha desarrollado su carrera como investigadora postdoctoral en diversas universidades del Reino Unido, Australia y también en la Universitat Oberta de Cataluña (UOC). Este año, se ha incorporado como profesora agregada de Ciencia Política en los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC. Con una trayectoria académica centrada en temas como los nacionalismos sin Estado, la inmigración y la democracia deliberativa, Franco-Guillén reflexiona sobre los retos que afronta este curso, sus intereses de investigación y su visión sobre la situación política actual en Cataluña y España.

¿Cómo ha empezado el curso? ¿Cómo afrontas esta nueva etapa como profesora de la UOC?

Llegué a la UOC gracias al programa Beatriu de Pinós, que inicié en los Estudios de Derecho y Ciencia Política. Aunque la ayuda tenía una duración de tres años, al año se abrió una plaza de profesor/a. Me presenté, la gané y me incorporé en abril, de forma algo caótica. Sin embargo, el curso comenzó en serio en septiembre.

Este curso ha planteado un gran reto: la cuestión del plagio con el uso de la inteligencia artificial. En la UOC, este problema tiene una complejidad añadida, puesto que la docencia es completamente digital y asíncrona. En este contexto, es frecuente que los estudiantes busquen formas de minimizar el esfuerzo, lo que es comprensible. Al fin y al cabo, todos hemos sido estudiantes y hemos intentado optimizar nuestros esfuerzos.

Sin embargo, como profesores tenemos la responsabilidad de asegurarnos de que los estudiantes finalicen sus estudios habiendo adquirido competencias reales, más allá de saber escribir prompts para inteligencia artificial. Es un reto compartido: para los estudiantes, que deben evitar el camino más fácil, y para nosotros, que debemos encontrar formas de incentivar un aprendizaje honesto y significativo.

¿Qué asignaturas impartes?

Principalmente, llevo asignaturas de investigación tanto en el grado como en el Máster de Análisis Política, y otra asignatura que se llama Sistema Político Español, donde enseño las bases para entender la política española contemporánea. Durante el segundo semestre, empezaré a llevar Migraciones y Globalización, que es una asignatura que encaja más con el tipo de investigación que yo hago.

Y ya de cara al próximo año, para la versión renovada del Máster de Análisis Política, estoy preparando una asignatura de Metodología que toma el texto como dato. Es decir, en muchas ocasiones, desde la ciencia política, se trabaja con datos de encuesta. Pero en realidad, la principal fuente de información que tenemos, la más abundante, es el texto, en sus distintos formatos: como programas electorales, como artículos de opinión, como comentarios en foros de Internet… Es una dato prácticamente infinito, que incluso podemos generar nosotros mismos, y estoy preparando una asignatura que intentará enseñar las formas que tenemos de analizar diferentes fuentes textuales.

¿Nos podrías contar un poco tu trayectoria profesional previa? ¿Cuál ha sido el foco de tu búsqueda?

Después de terminar la carrera, tardé varios años en empezar el doctorado, que cursé en la Universidad Pompeu Fabra. Mi tesis se centró en el estudio de los partidos nacionalistas en naciones sin Estado y sus posiciones sobre la inmigración, un tema que en ese momento no despertaba demasiado interés, pero que actualmente se ha convertido en muy relevante.

Posteriormente, me fui dos años a Australia como investigadora postdoctoral. Allí investigué la democracia deliberativa, entendida no solo como votar, sino como un proceso de debate y construcción de consensos.

Después me trasladé a Edimburgo para trabajar en un proyecto europeo liderado por la Universidad de Aberystwyth (Gales). Este proyecto analizaba partidos políticos nacionalistas de nueve regiones europeas con movimientos territoriales activos, y exploraba cómo estos partidos y las organizaciones de la sociedad civil articulan y legitiman sus demandas territoriales, ya sea para conseguir más infraestructuras, autonomía, federalismo o independencia.

Más adelante, me centré en cuestiones relacionadas con el independentismo, pero desde una perspectiva más social que política. El objetivo era comprender cómo las personas viven y experimentan el debate sobre la independencia. Por eso, organizamos grupos de discusión y entrevistas para analizar cómo los ciudadanos llegan a posicionarse sobre esta cuestión. Este proyecto se encuentra todavía en fase de preparación de publicaciones.

En resumen, mi trayectoria profesional se ha centrado en temas como la inmigración, el nacionalismo, las estrategias de los partidos nacionalistas y la democracia deliberativa. La investigación ha sido el hilo conductor de toda mi experiencia.

Me ha llamado la atención un artículo tuyo que se titula “Leaving Europe, leaving Spain”, donde comparas el proceso del Brexit de dejar la UE con el proceso independentista catalán. ¿A qué conclusiones llegaste?

Este artículo, que co-escribí con Marc Sanjaume-Calvet y Daniel Cetrà, analiza el Brexit como un tipo de secesionismo respecto a la Unión Europea – lo que en inglés llamamos from – y el independentismo catalán como un secesionismo within, dentro del marco de la Unión Europea. El objetivo era explorar hasta qué punto estos dos tipos de secesionismos son comparables en términos discursivos y si los argumentos que utilizan para justificar la secesión siguen lógicas similares.

Observamos que los actores políticos que lideraban cada uno de los movimientos eran muy distintos. En el caso del Brexit, la campaña estaba encabezada por figuras como Boris Johnson o Michael Gove, del Partido Conservador británico, y Nigel Farage, del UKIP. Sus discursos se basaban en la idea de recuperar una soberanía perdida, el control de las fronteras y otras funciones tradicionales del Estado.

En cambio, el independentismo catalán contaba con el apoyo de partidos que iban desde la izquierda anticapitalista hasta el centroderecha. Sus argumentos se centraban más en los agravios respecto a España —como la falta de reconocimiento cultural o el déficit fiscal— pero también ponían énfasis en la idea de un “futuro mejor”, asociado a una mejor calidad democrática ya una mayor justicia social.

Una de nuestras principales conclusiones es que, a menudo, se conceptualiza al independentismo como una simple acumulación de agravios que justifican la separación de un Estado. De hecho, gran parte de la investigación internacional sobre secesión se basa en esta premisa. Sin embargo, en democracias avanzadas como Reino Unido o España, empezamos a ver que los partidos independentistas apelan cada vez más a una visión de futuro, poniendo el foco en las oportunidades que se abren con la independencia más allá de los agravios pasados.

Y como experta que eres, ¿cómo ves el momento político actual catalán y español?

Estamos viviendo un final de ciclo político, algo que parece bastante evidente incluso sin ser investigadora. Pero como ocurre con los ciclos, pueden acabar por volver a empezar, y la cuestión territorial de Catalunya no está resuelta, ni hay indicios de que se resuelva a corto plazo.

El momento actual presenta una ventana de oportunidad a causa de la coincidencia en el gobierno español y el catalán del mismo partido, el Partido Socialista. Esto podría facilitar cierto diálogo, pero cabe recordar que las causas que dieron origen al ciclo de movilizaciones independentistas en Cataluña siguen vigentes. Estas causas están relacionadas con la distribución de poder territorial, no solo entre Cataluña y España, sino también entre las distintas regiones españolas.

Un aspecto a menudo olvidado es que no todas las regiones quieren solamente más autogobierno; también quieren tener voz en las decisiones que se toman desde el gobierno central, especialmente en cuestiones que afectan a múltiples territorios. Por ejemplo, el trasvase del Ebro u otras decisiones de política internacional son a menudo percepciones de agravio territorial. Este tipo de tensiones ya eran graves a principios de los años 2000 y el Estatut d’Autonomia se planteó como una posible solución. Sin embargo, la sentencia del Tribunal Constitucional en 2010 limitó mucho esta solución, y desde entonces la situación no ha cambiado significativamente.

Algunas voces insisten en que el problema del independentismo es puramente económico y que podría solucionarse con un mejor pacto fiscal. Pero basándome en el análisis de los documentos políticos de los partidos y entidades soberanistas desde los años noventa, sé que esta es una visión reduccionista. La cuestión central es política, no solo económica. Si esta dimensión política no se resuelve, las movilizaciones volverán porque el malestar de fondo persiste.

La gran pregunta es qué hará el actual gobierno socialista para intentar evitar que se reinicie este ciclo de movilizaciones y cómo gestionará esta cuestión territorial en un contexto tan complejo como el actual.

 

 

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