Jóvenes tutelados por la administración: comparativa entre España e Italia de las medidas de acompañamiento para su autonomía

26/10/2023
Jóvenes tutelados Foto de Dimhou en Pixabay.

España e Italia cuentan con sistemas financiados por el Estado para proporcionar atención y supervisión a los jóvenes tutelados («neoadultos») que se ven obligados a abandonar el sistema de acogida facilitado por las administraciones públicas y afrontar la vida de adulto, habiendo pasado su infancia bajo la tutela de la administración (“care leavers”) y alejados de su familia de origen, ya sea por razones de seguridad o por motivos de grave incumplimiento de la responsabilidad parental de sus progenitores. 

En ese preciso momento entra en juego una nueva dimensión, a menudo insidiosa y angustiosa para el joven, de tránsito de la tutela a la autonomía, trascendental para su futura vida adulta. 

Este estudio forma parte de la investigación que desarrolla la doctoranda  Veronica Rita Miarelli bajo la supervisión de los profesores Francesco Rizzo y Lucia Ruggeri (Universidad de Camerino, Italia) y la tutela de la profesora de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC, Aura Esther Vilalta, en su estancia de investigación en la UOC. Centra la atención en las concretas medidas de acompañamiento hacia dicha autonomía de estos jóvenes neoadultos existentes en España —más concretamente, en Cataluña— y en Italia, en un ejercicio de contraste. 

Comparativa de las medidas de protección y apoyo en Italia y España de los jóvenes tutelados

El estudio comparativo de los dos sistemas muestra la presencia de medidas de protección y políticas de apoyo similares, salvo algunas pequeñas diferencias.

  • Apoyo económico: En Italia, se proporciona directamente al joven que ha abandonado el sistema de asistencia para acompañarle hacia su emancipación. Por ejemplo, entre las diferentes políticas de intervención en todo el país, en la región de Cerdeña, encontramos el proyecto “Prendere il volo”, que permite a los jóvenes tutelados que han abandonado el sistema de asistencia recibir un subsidio económico para tener su propia autonomía e independencia. En España, estas medidas de apoyo económico también están reconocidas. Sin embargo, dada la autonomía de las regiones, en algunas encontramos ayudas económicas como el PIRMI, becas o programas de apoyo específicos para los care leavers, mientras que en otros encontramos políticas que se ponen a prueba.
  • Derecho a ser escuchados: En España, se espera que los jóvenes tutelados que abandonan la asistencia participen en el Consejo Nacional, de modo que se les reconozca como participantes activos para la protección de sus intereses. En Italia, este papel aún no ha sido reconocido, ya que la participación activa de los jóvenes en situación de desamparo en su relación con el Ministerio solo tiene lugar a través de organizaciones o asociaciones sin ánimo de lucro, como la asociación Agevolando, o a través de mecanismos de mediación.

Concepto de comunidad difusa

En cualquier caso, pareciera importante no soslayar el hecho de que el sistema institucional articulado para acompañar a los neoadultos hacia la autonomía debe resultar funcional y lograr, de este modo, que los jóvenes se impliquen en actividades que les ayude a conocer y percibir sus talentos y potencial.  De ahí que se desarrolle un concepto de comunidad que permita desencadenar un proceso de valorización de los recursos materiales e inmateriales individuales que, al entrar en relación con otros, se convierten en un capital que puede utilizarse eficazmente de forma individual y colectiva; un “capital” cuyo valor se pone de manifiesto principalmente en la capacidad de las personas para reproducirlo e intercambiarlo según una dinámica relacional. El valor, por tanto, reside en la «disponibilidad» y la “puesta a disposición” del capital en una perspectiva recíproca y en la capacidad de cuestionar la experiencia.

Con el concepto de comunidad difusa encontramos algunos factores estables gracias a los cuales se incrementan las posibilidades de generación e intercambio de recursos por parte de estos neoadultos. Estos factores son: la densidad relacional, la proximidad de las relaciones y los recursos inmateriales y materiales y, por tanto, la inmediatez con la que son interceptados y están disponibles; elementos que, junto con la intencionalidad común de los actores de la comunidad difusa, se traducen en un capital humano de gran valor.

A través de la comunidad difusa, de la escucha, del crecimiento, de la formación y de la experiencia se puede acompañar a los menores tutelados o care leavers hacia la autonomía, por recorridos que puedan hacerlos sentir protagonistas activos. A partir de aquí, se puede asimismo construir una visión de “parentalidad de lugar social”. Es decir, la idea de concebir “un lugar” para la autonomía de los jóvenes que no tenga paredes impermeables. No consiste, por tanto, en el clásico modelo de grupo que vive en un piso o bloque donde los jóvenes permanecen juntos pero aislados del entorno, sino una realidad difusa en la que los jóvenes compartan experiencias con las personas del territorio, de su entorno más inmediato, todo ello articulado mediante políticas públicas de juventud transversales.   

Por otro lado, para que el sistema institucional logre provocar un cambio en ellos es necesario invertir los términos. Es decir, ver lo que los jóvenes “aportan” y hacer un “vestido a su medida”. Por lo tanto, el término “comunidad difusa” deberá implicar muchos lugares, y personas muy diversas involucradas, experiencias por las que los jóvenes transiten. Para que los neoadultos no se sientan en estado de abandono, resultará necesario asimismo que la administración dote a la comunidad difusa de apoyos que faciliten trayectorias restaurativas y de cuidado capaces de romper estereotipos y representaciones de estos jóvenes tutelados como personas negligentes, hostiles o violentas, transformando la percepción del otro y, por lo tanto, la del yo. Un yo que no se sienta rechazado y abandonado. El resultado es un aumento de la autoestima y de la interiorización del sentido de seguridad, capaz de movilizar los recursos personales del joven hacia la adquisición de competencias relacionales y vitales, hacia una autonomía cada vez mayor.

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