Ángela Chapman: “La perspectiva de género trata de repensar las ciudades desde la proximidad, la diversidad y la inclusión”
27/02/2025Ángela Chapman es arquitecta graduada por la Universidad Femenina del Sagrado Corazón (UNIFE, Perú), con Máster en Ciudad y Urbanismo por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), donde se ha especializado en la interacción del espacio público desde una perspectiva de sostenibilidad y equidad de género. Con su TFM titulado “Evaluación del Plan Maestro del Centro Histórico de Lima desde la perspectiva de género”, ha recibido el premio al mejor TFM con perspectiva de género, otorgado por la Unidad de Igualdad de la UOC. Hablamos con ella sobre la importancia de la perspectiva de género en la planificación urbana y sobre los principales desafíos para lograr ciudades más inclusivas.
¿Por qué es tan importante la perspectiva de género en el ordenamiento territorial y la planificación de las urbes?
El ordenamiento territorial y la planificación urbana son procesos que estructuran el funcionamiento de las ciudades y regulan la distribución de recursos, oportunidades y servicios. Sin embargo, lejos de ser neutrales, han reflejado y reproducido históricamente desigualdades económicas, sociales, ambientales, tecnológicas y políticas. Las decisiones en estos ámbitos determinan quiénes accederán a una vivienda digna, a espacios públicos seguros, a sistemas de movilidad eficientes o a infraestructuras de calidad, por lo que incorporar este enfoque en el desarrollo de las ciudades es importante para abordarlas desde una mirada crítica que garantice una vida urbana sostenible.
Más allá de una cuestión de equidad, la perspectiva de género trata de repensar las ciudades desde la proximidad, la diversidad y la inclusión, promoviendo espacios mixtos, accesibles y seguros que fortalezcan la cohesión social y el bienestar colectivo.
¿Cuál fue el hallazgo que consideras más importante de tu investigación?
El Plan Maestro del Centro Histórico de Lima (PMCHL) presenta una integración deficiente de la perspectiva de género. Si bien incorpora valores del paisaje urbano histórico alineados con esta visión, en la práctica sigue apostando por un enfoque conservacionista basado en modelos tradicionales como la Carta de Venecia y las Normas de Quito. Estos marcos, con una visión eurocentrista, no responden a las dinámicas sociales, culturales y económicas de Lima, donde la conservación del patrimonio requiere un enfoque más contextualizado y participativo. Al tratar la conservación como una tarea exclusivamente técnica, excluye el conocimiento de quienes habitan el centro histórico, afectando la apropiación del espacio y la sostenibilidad del patrimonio. Además, su narrativa patrimonial puede reforzar roles de género y jerarquías preexistentes, perpetuando desigualdades en el uso del espacio urbano.
Queda mucho por hacer…
La restauración de monumentos históricos en el centro histórico se ha priorizado sin una visión integral que considere su entorno, usos mixtos, densidad habitacional o espacios públicos inclusivos, limitando su vitalidad urbana. Ejemplo de ello es la recuperación de plazas, aún percibidas como inseguras debido a la falta de actividades diversas, horarios flexibles y equipamientos adecuados para distintos grupos. Esta conservación patrimonial, desvinculada de enfoques de género y bienestar comunitario, no mejora la calidad de vida en un contexto de alta vulnerabilidad, con viviendas precarias, economías informales y criminalidad. La ausencia de un plan actualizado en más de 12 años ha desaprovechado la oportunidad de integrar marcos normativos más justos e inclusivos.
¿Cuáles son los cambios que deberían aplicarse?
Sugiero una integración de la perspectiva de género en todas las fases del urbanismo, desde el diagnóstico hasta la evaluación. También la incorporación de indicadores de equidad de género, que permitiría evaluar cómo los proyectos urbanos responden a las necesidades de mujeres y grupos vulnerables. Esto debe ir acompañado de mecanismos de participación inclusiva que aseguren la representación de diversas experiencias en la toma de decisiones.
Además, la planificación debe priorizar la seguridad y accesibilidad, promoviendo rutas peatonales seguras, movilidad diversa y la proximidad a equipamientos esenciales, como baños públicos e infraestructura de apoyo al cuidado. Estos elementos son clave para garantizar la autonomía y bienestar de todas las personas. Por último, formación y transformación profesional: no basta con aumentar la presencia de mujeres en roles técnicos y de toma de decisiones si no se integra este enfoque en la práctica. Es esencial involucrar a las escuelas de arquitectura, colectivos ciudadanos y gestores urbanos.
Bajo tu experiencia, ¿cuáles son los principales desafíos para lograr ciudades más inclusivas y accesibles desde una perspectiva de género ahora mismo?
Uno de los principales retos es la persistencia de una planificación urbana androcéntrica, que históricamente ha diseñado las ciudades bajo criterios que responden principalmente a las necesidades de los hombres. Esto se refleja en la segregación de usos residenciales, comerciales y laborales, sin considerar otras formas de trabajo y vida de diversos colectivos, así como en la priorización del transporte privado sobre el público.
Las infraestructuras de transporte, como rutas y horarios de autobuses, suelen ignorar las dinámicas del trabajo reproductivo y las responsabilidades de cuidado que asumen mayoritariamente las mujeres, limitando su acceso a servicios esenciales y oportunidades económicas. Asimismo, el diseño del espacio público en la región sigue siendo hostil para muchas personas, especialmente mujeres y niñas. Parques, plazas y calles son escenarios frecuentes de acoso y agresiones físicas o sexuales, facilitadas por la falta de iluminación, la ausencia de mobiliario urbano adecuado y un diseño que favorece el tránsito vehicular por encima de la seguridad peatonal.
Además de los que citas, ¿existen más desafíos similares?
Sí. Otro desafío es la precariedad habitacional, especialmente en el caso de mujeres solas con hijos, quienes constituyen la mayor parte de los hogares monoparentales y asumen el rol de jefas de familia. La falta de viviendas seguras y accesibles no solo limita su autonomía, sino que también las expone a mayores riesgos de vulnerabilidad y exclusión social. Para abordar esta problemática, es necesario impulsar modelos de vivienda que respondan a las dinámicas actuales, como viviendas colaborativas con espacios compartidos, hogares diseñados específicamente para familias monoparentales, viviendas intergeneracionales que promuevan el apoyo mutuo y unidades adaptadas para personas con movilidad reducida.
En este sentido, se requiere actualizar la formación en las escuelas de arquitectura y reformular la normativa, asegurando que los principios de equidad e inclusión se reflejen en el diseño y planificación de las ciudades.
Has participado en foros internacionales sobre urbanismo equitativo. ¿Qué tendencias o enfoques innovadores destacarías en la planificación urbana con perspectiva de género?
La necesidad de incorporar la perspectiva de género desde la formación académica. Las facultades de arquitectura y urbanismo son los primeros espacios de aproximación a la disciplina, en Perú aún no se integra este enfoque dentro de la malla curricular. En contraste, países como Argentina y Brasil han avanzado en este aspecto, consolidándose como referentes en la región. También destacan iniciativas concretas impulsadas por políticas públicas. En Chile, se han desarrollado instrumentos como guías y manuales de urbanismo feminista para gobiernos locales y sobre la perspectiva de género en las obras de infraestructura urbana y espacios públicos, que buscan orientar la planificación y el diseño urbano con un enfoque inclusivo. En Bogotá, las manzanas del cuidado dentro del plan de ordenamiento territorial son un modelo que merece seguimiento para evaluar su impacto en el tiempo, pero que ya plantea una visión clara: atender a la ciudadanía desde la diversidad y los cuidados.
Otra tendencia relevante es la promoción de programas de vivienda intergeneracional, que no solo abordan el acceso a la vivienda, sino también el aislamiento y fortalecen la cohesión social a través del apoyo mutuo entre distintas generaciones. Estos modelos internacionales ofrecen referencias valiosas para la región y demuestran que la planificación urbana con perspectiva de género no solo es posible, sino necesaria para construir ciudades más equitativas y sostenibles.
Como docente, ¿qué herramientas o metodologías consideras clave para formar a las nuevas generaciones de urbanistas en sostenibilidad y equidad?
Para mí, es fundamental que el aprendizaje en urbanismo ocurra desde la experiencia, combinando la experimentación individual y la construcción colectiva del conocimiento. Por ello, recurro constantemente a metodologías como los recorridos urbanos, las caminatas exploratorias y las cartografías colectivas. Estas herramientas permiten un acercamiento sensorial al espacio, fomentando la observación de dinámicas urbanas, interacciones y usos del espacio público.
Además, generan conversaciones de a pie, promoviendo el diálogo abierto y el pensamiento crítico a partir del análisis y la reflexión. Asimismo, considero esencial vincular las problemáticas locales con conflictos urbanos en otros territorios. Ampliar la perspectiva hacia un ámbito global permite a los futuros arquitectos y urbanistas comprender su rol frente a desafíos como las migraciones, los desplazamientos forzosos, el acceso a la vivienda o la crisis climática, temas que muchas veces quedan relegados en la formación académica tradicional.
En el marco del 11 de febrero, Día de la Niña y la Ciencia, ¿qué mensaje les darías a las jóvenes interesadas en el urbanismo y la planificación de ciudades?
El urbanismo es una herramienta poderosa para transformar nuestro entorno porque las ciudades son el corazón de nuestras comunidades. Son los espacios donde vivimos, trabajamos, nos relacionamos y crecemos. Y si bien enfrenta desafíos complejos, la ciencia y la tecnología en constante evolución nos brindan herramientas para abordarlos.
A las jóvenes interesadas en esta disciplina, les diría que se mantengan siempre curiosas y actualizadas, explorando nuevas tendencias y herramientas, pero sin perder de vista lo esencial: la creatividad, la empatía y la pasión por lo que hacen. El urbanismo no solo se trata de construir edificios o calles, sino de diseñar espacios donde las personas puedan prosperar, donde la diversidad sea celebrada y donde la calidad de vida esté en el centro de las decisiones. Escuchar a la comunidad es clave, sobre todo a quienes históricamente han sido marginados o excluidos. Sus voces pueden aportar perspectivas valiosas que enriquecen cualquier proyecto.
Y, por último, que no tengan miedo al error o a la experimentación. Aprender implica probar, ajustar y seguir adelante. Rodéense de referentes que las inspiren y motiven, pero, sobre todo, confíen en su capacidad para generar cambios reales en sus ciudades y en las vidas de las personas.