La cara oculta de la tecnología: obsolescencia programada, basura tecnológica y brecha digital

23/05/2023
Tecnologia Foto de Buffik en Pixabay.

Que la tecnología es una ayuda para modernizar la sociedad es una idea que ya tenemos interiorizada, así como la necesidad de transformar digitalmente el tejido empresarial para ser más competitivos frente a otros países que están más adelantados que el nuestro. También conocemos a fondo las nuevas tecnologías que vienen en un futuro prometedor y que nos hacen llegar las empresas a través de congresos anuales de tecnología, movilidad y nuevas tendencias. Nuevas redes de móviles, inteligencia artificial, más y mejores prestaciones en los móviles, redes neuronales para un internet más rápido, procesadores ultrarrápidos… son algunas de las novedades que nos esperan en un corto plazo de tiempo y que, con puntualidad británica, se encargan las grandes marcas de hacernos llegar cada año en múltiples congresos y presentaciones.

Pero hay una cara oculta en la tecnología que no podemos dejar de lado y que no puede ni debe quedar tapada por estos avances tan necesarios. Es aquella cara de la tecnología que no tiene grandes congresos y que, en demasiadas ocasiones, pasa desapercibida por las grandes corporaciones y por los medios de comunicación. Veamos en tres grandes apartados aquello que está detrás de las bambalinas de los grandes congresos de tecnología.

Más allá de la obsolescencia programada

Hablar de obsolescencia programada no es una novedad. De hecho, es una realidad desde hace muchos años y está contrastada por muchos estudios e instituciones, de forma que no coge a nadie por sorpresa cuando adquiere un producto tecnológico nuevo. Es muy común indicar que los productos no se fabrican como antes. En los últimos tiempos la idea de que “están hechos para durar menos” ha hecho mella en las personas consumidoras de cualquier producto que lleve un mínimo de tecnología.

Pero el problema, aparte de la baja durabilidad de los productos, es cómo las propias empresas y marcas potencian esta obsolescencia, de forma que lanzan productos cada cierto tiempo y provocan que sean las propias personas que adquieren el equipo las que se deshagan antes del producto y compren uno nuevo. Cada vez aparecen más y mejores productos en el mercado indicando que superan las anteriores prestaciones y con anuncios y promociones donde se remarca que las mejoras son sustanciales y que no podríamos vivir sin ellas.

Son las empresas, especialmente las más poderosas y con más cuota de mercado, las que provocan estos movimientos en el mercado, obteniendo grandes beneficios en las ventas de sus “nuevos” productos (que no dejan de ser los mismos que en la versión anterior, pero con una modificación poco visible a simple vista…) a base de una alta rotación y con unos márgenes que son cada vez más altos al tener una complejidad mínima la nueva prestación.

Estos grandes de la industria provocan que sean las propias personas consumidoras las que estén demandando nuevos y mejores productos, con la sensación de que no es posible vivir sin disponer de la última versión, haciendo que los early adopters prácticamente tiendan a desaparecer y sea el gran mercado el que adopte la tecnología sin ver realmente las ventajas reales de estos maravillosos cambios que se prometen.

Aparte del esfuerzo económico que se debe realizar para adquirir el nuevo producto (que siempre es más caro que el anterior), deberíamos preguntarnos si realmente las novedades de los equipos tecnológicos son realmente utilidades que van a ser necesarias en el día a día del uso o, simplemente, quedarán en una anécdota. Por ejemplo, ¿es necesario adquirir una televisión 8K cuando el despliegue del 4K aún no está realizado en la mayoría de las emisiones actuales?

Es la persona consumidora final quien debe elegir si realmente es necesario o no adquirir un nuevo producto tecnológico solo por las promesas realizadas por el fabricante o bien es una necesidad real de un equipo obsoleto y al que se le ha dado el máximo de vida útil, ya que el problema de los residuos generados es otra consecuencia de esta obsolescencia programada y consentida por el mercado.

Obsolescencia programada
Foto de Tyler Lastovich en Pexels.

La basura tecnológica, un problema muy real

La adquisición de un nuevo equipo electrónico, de pequeño o gran formato, implica, en demasiados casos, desprenderse del antiguo y crear lo que conocemos como basura o residuo tecnológico. Todo aquello que no queremos, que consideramos obsoleto o que ya no nos interesa acaba en la basura. Y, por los problemas técnicos que conlleva, demasiadas veces no se recicla el producto o se hace mal, lo que incrementa el número de equipos desechados que no son debidamente reciclados.

Si se toma como ejemplo uno de los equipos que más renovamos, los smartphones, se puede ver la magnitud del problema del reciclaje y obsolescencia de estos equipos, siendo muy pocos los que se reciclan y aún menos las partes que podrían usarse para generar nuevos productos. Muchos de los componentes de estos equipos proceden de países en vías de desarrollo y son elementos poco comunes en la tierra, muy contaminantes en su extracción y procesamiento, lo que implica que una gestión incorrecta de los residuos solo hace que incrementar el problema a nivel medioambiental y con las consecuencias humanas y económicas de estas extracciones de materiales que, en demasiados casos, tienen una procedencia dudosa.

Es curioso cómo en la mayoría de presentaciones de novedades de productos tecnológicos (desde la presentación más minimalista hasta los grandes acontecimientos como el MWC) se preste poca o nula atención a los residuos tecnológicos, a los problemas derivados del uso de elementos y metales raros utilizados en la fabricación de los productos, o, simplemente, a cómo poder dar una segunda vida (o alargarla) a estos productos que, en la mayoría de casos, siguen ofreciendo servicio sin problema alguno.

La tecnología avanza y ello es necesario y produce un bienestar global y una mejora en la forma de vida de las sociedades que no podemos ni debemos olvidar. Pero parece que todo lo que vaya más allá de lanzar un nuevo producto, una nueva tecnología o una característica mínima que ofrezca un pequeño avance no importa, haciendo oídos sordos a todo lo que es la capacidad de reciclar o dotar de una segunda oportunidad a estos productos que, al ser altamente contaminantes, no deberían ser tratados como un residuo urbano más, todo lo contrario. 

Es un esfuerzo que debe ser compartido por toda la cadena de valor del producto, desde el propio fabricante a la persona consumidora del bien; es un deber de todas las personas implicadas en el ciclo de vida del producto (que cada vez es menor) velar por la seguridad del producto una vez ha perdido su función o bien ha dejado de ofrecer lo que se esperaba y necesita ser reemplazado. Parece que esconder el problema debajo de la alfombra, como si se pudiera barrer, es la solución más óptima y no ofrecer alternativas. Aunque cada vez más se encuentran nuevas formas y servicios que ofrecen una segunda oportunidad a estos productos o bien se recompran para ser aprovechados en otros mercados.

 

Foto de SHVETS en Pexels.

La brecha digital, ¿imposible de controlar?

Otro de los problemas que tiene el lanzamiento de productos tecnológicos en cada vez menos tiempo es la brecha digital, vista como la capacidad de asimilar las nuevas tecnologías por la sociedad, especialmente por aquellas personas que no son nativas digitales, es decir, por aquellas personas consumidoras que tienen que adoptar la nueva tecnología.

La adopción de cualquier novedad depende siempre del grupo específico de mercado al que se dirige el producto. Pero, como en el caso de los productos tecnológicos, al dirigirse a un amplio mercado y tener un ciclo de vida cada vez más corto, nos enfrentamos al problema de que cuando la novedad se ha introducido y asimilado en el mercado se presenta una novedad que, en la mayoría de casos, deja obsoleta la anterior. Esto obliga al mercado, es decir, a la persona que adquiere el producto, a asimilar de nuevo la información y adaptarla a su vida diaria.

Aunque no todas las novedades llegan a todo el mercado, sí que es importante indicar que ya son muchas las empresas que se han subido al carro de ofrecer novedades cada año, o incluso en menos tiempo. De forma que la información sobre el producto varía de forma constante (en algunos casos los manuales de uso ya son directamente descargables en internet) y la capacidad de adopción del mercado está condicionada a como el grupo objetivo del producto es capaz de asimilar la novedad.

Si hace un tiempo parecía que solo las personas mayores podían ser las que más padecieran la brecha digital, con la pandemia y la popularización de solicitar citas y servicios por internet en prácticamente todos los sectores, la brecha digital se ha ampliado y ahora intervienen otros factores como la capacidad económico-financiera y otras variables sociales (como el barrio en el que se vive o la educación recibida) que, hasta ahora, quedaban compensados con la capacidad de realizar muchos trámites de forma presencial, siendo un vestigio de épocas anteriores ya que ahora todo tiende a ser digital.

Los grandes aparadores de tecnología, como las ferias internacionales de renombre de productos tecnológicos, aparte de ser un escaparate de novedades, deberían hacer hincapié en desarrollar servicios dirigidos a estrechar la brecha digital y ofrecer alternativas reales a toda la población, no solo a aquellos estratos de la sociedad capaces de pagar las nuevas tecnologías y adaptarse mejor a los cambios. La tecnología debería poder llegar a todos los segmentos de la sociedad por igual y no agrandar una brecha digital que, en estos dos últimos años, se ha ampliado hasta situaciones que llegan a ser límite en ciertos casos.

Un cambio que afecta a toda la sociedad

Los cambios y novedades en tecnología ofrecen soluciones para ayudarnos en nuestro día a día y aparecen alternativas donde la sociedad se pone en primer plano pasando la propia tecnología a un segundo lugar.

Por mucho que se mejoren las características y prestaciones de un producto, si no se adopta por el mercado al que se dirige no tendrá salida. Esto afectará a la propia empresa que lo produce y, a la larga, al I+D+i que es la fuente necesaria para que la sociedad avance y sea más capaz de conseguir productos que faciliten la vida de las personas. Con todo, esta búsqueda e innovación no debería ampliar las diferencias entre los habitantes de una sociedad y, mucho menos, olvidando que los recursos de la Tierra son finitos y, en un momento no muy lejano, dejaremos de tener materias primas que consideramos esenciales y no podremos ofrecer más productos al no tener materiales con qué fabricarlos.

Las novedades deben ser ofrecidas a su debido tiempo y pensando en los productos que sustituyen. Es necesario buscar alternativas sostenibles desde el punto de vista económico y medioambiental para poder avanzar hacia una sociedad más tecnológica, pero también más capaz conocer los límites de esta propia tecnología.


Fuentes

Mobile Social Congress (2023). This 2023 we inagurate the 8th edition of the Mobile Social Congress. En línea: https://mobilesocialcongress.cat.
Barceló Roca, Miquel (2023). Más allá del Mobile. En línea: https://www.elperiodico.com/es/opinion/20230225/mobile-world-congress-ecosistema-tecnologico-barcelona-articulo-miquel-barcelo-83721625.
Gálvez Garcés, Beatriz (2023). Más allá del móvil: la tecnología del futuro se huele, se prueba y se siente. En línea: https://www.rtve.es/noticias/20230301/mwc-2023-ciudad-futuro-experiencias-sentidos/2428753.shtml.
Flores, Javier (2023). La basura electrónica y su peligro para el medio ambiente. En línea: https://www.nationalgeographic.com.es/mundo-ng/peligros-basura-electronica_13239.
Universo Abierto (2023). Informe sobre la sociedad digital en España (2023). En línea: https://universoabierto.org/2023/01/31/informe-sobre-la-sociedad-digital-en-espana-2022/.

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Autor / Autora
Licenciado en Administración y Dirección de Empresas. Profesor colaborador de la asignatura Dirección de marketing del Grado en Marketing e Investigación de Mercados de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
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