El maltrato a las personas mayores: cómo combatir el edadismo y la gerontofobia

13/06/2022
Foto: Unsplash.

A propósito del Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, el director del máster universitario de Trabajo Social Sanitario de la UOC, Daniel Rueda, escribe sobre los principales retos y estereotipos a superar en este ámbito, como el edadismo o la gerontofobia.

Las palabras no siempre son un buen medio de comunicación sobre todo si con ellas se trata de analizar o dar cuenta de determinados temas. El uso de eufemismos o de términos “amables” en ocasiones contribuye a ocultar o no dar excesiva importancia a problemas sobre los que no se quiere hablar o reconocer.

Algo de esto ocurre con el tema de los malos tratos dirigidos a las personas mayores. Negligencia, malos tratos, abandono, descuidos, abusos, son términos que suelen emplearse para referirse a situaciones de violencia hacia las personas mayores, algo muy diferente a la forma de plantear otros malos tratos o violencias como ocurre con la violencia de género.

Pero, a pesar de esta forma de referirse a una situación que la Organización Mundial de la Salud (OMS) pone sobre la mesa en múltiples informes, los maltratos a las personas mayores existen y se manifiestan de múltiples formas y en diversos escenarios. Cuándo determinadas conductas son faltas o delitos es algo difícil de precisar a pesar de la normativa jurídica existente. La frontera para tipificar cuándo un hecho o una conducta es o no maltrato no siempre está claro o es obvio, lo cual dificulta no solo su identificación sino su tratamiento.

Maltrato a las personas mayores es impedir su plena inclusión social, no reconocer sus derechos sociales, discriminar por razón de edad, actuar contra la integridad emocional, física, económica, sexual, generando inquietud sobre todo cuando la fragilidad que suele acompañar al envejecimiento se hace más acusada y patente.

Discursos o “relatos” sobre el envejecimiento cargados de estereotipos no ayudan a avanzar en la línea de una sociedad igualitaria, inclusiva, abierta y responsable. El edadismo, la gerontofobia, la segregación social por razón de edad son amenazas y realidades con las que convivimos sin que nos produzcan reacciones.

Generar malestar, inquietud, miedo a las personas mayores hablando de la sostenibilidad de las pensiones, el gasto farmacéutico, el gasto quirúrgico, son discursos que generan dolor y que, aunque provengan de las instituciones políticas es una forma de maltrato psicológico al cual nos estamos acostumbrando. No se habla de la vejez como oportunidad para generar riqueza, para generar empleo con nuevas profesiones en el campo de la investigación, la ciencia, el cuidado, ni de la aportación que muchas personas mayores hacen al sostenimiento del bienestar social y emocional en sus familias poniendo sus ahorros y su tiempo al sostenimiento y cuidado de hijos y nietos, aunque ello tenga un coste en su salud o su tiempo libre. Este doble discurso es un buen aperitivo para obviar las ventajas y contribuciones de la vejez y centrar la mirada en las personas mayores como parásitos sociales. 

Se dedica el 15 de junio a recordar que el maltrato a las personas mayores existe y que se da en distintos entornos y de diferentes formas: maltrato social, político, institucional, familiar, maltrato producido por cuidadores profesionales o familiares, maltratos de tipo físico, emocional o psicológico, económico, sexual. Datos hay, aunque no se conozcan con exactitud, porque las víctimas de los malos tratos no lo denuncian, a veces porque no son conscientes de que determinadas conductas constituyen un maltrato, o porque denunciar supone añadir dolor y riesgo. 

Las prevalencias sobre el maltrato familiar o institucional en sus diversas modalidades o manifestaciones solo son estimaciones de un problema social sobre el que no se habla o sobre el que se intenta silenciar. Se trabaja para alargar la vida, se hace alarde de los avances científicos, pero las contraindicaciones de una sociedad que ha dejado de valorar la vejez y que cuando hay que recortar derechos o aplicar medidas restrictivas no tiene inconveniente en iniciar por la parte más frágil, los ancianos, es un hecho. Evidencias con decisiones tomadas en plena pandemia de la COVID-19 para impedir el acceso a centros sanitarios a personas mayores son de sobra conocidas.

Residencias para personas mayores que se organizan como empresas y que lo prioritario es la cuenta de resultados, es una forma de maltrato; rebajar la prestación de servicios reconocidos por la Ley como los referidos a la atención a personas en situación de dependencia es otra forma de ir en contra de la dignidad y derechos reconocidos de las personas mayores. Cambiar baremos para rebajar los reconocimientos de derechos es otro abuso al que nos acostumbran las instituciones públicas.

No prestar atención a los cuidadores familiares, para que realicen las tareas de cuidado con calidad y con menor tensión y sobrecarga es otra forma de incidir en el maltrato a la vejez.

No se trata de poner datos y porcentajes sobre la incidencia y prevalencia de los malos tratos. Los datos existen, pero lo que importa son las personas y los valores de una sociedad que desprotege al frágil, porque aparentemente no es productivo, tiene mal carácter, ha perdido habilidades, padece enfermedades degenerativas y sobre todo no tiene la fuerza ni la capacidad de enfrentarse a situaciones de violencia, de abandono o de descuido provengan estas de donde provengan.

Hablar de maltrato es en definitiva retratar la salud de una sociedad, sus principios, valores y sus contradicciones. En el día de hoy, Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, no deberíamos utilizar el Photoshop para hacer el retrato de los malos tratos a las personas mayores.

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